Hemos hablado en estas Letras Bercianas de cómo la madurez de una literatura propia –si así puede llamarse alguna, ya sea la catalana, la argentina o la berciana–, se acredita por la calidad de sus autores y la diversidad de sus géneros.

Sobre la calidad de libros y autores no hacemos aquí cuestión: ni soy crítico literario ni lo pretendo; mi única intención al compartir estas Letras Bercianas en el blog Borges en El Bierzo y en las redes sociales es invitar e incitar a su lectura. Con frecuencia, los grandes periódicos y los medios de difusión nacional, sometidos a la tiranía de la casta de críticos, ignoran o silencian buena parte de los libros de nuestros autores y autoras más cercanos. Si no estás en la cuadra editorial de Prisa, de Planeta o de cualquier otro grupo dominante, tu destino es luz de gas, al margen de la calidad de la obra. Gregorio Morán lo explica clarito en El cura y los mandarines, el imprescindible y lúcido ensayo que censuró Planeta por orden del ex-presidente de la Real Academia.

No tengo duda de que muchas de las obras que apenas trascienden los estrechos límites entre Manzanal y Pedrafita tienen más calidad que alguna que otra bazofia editorial promocionada hasta la saciedad y vendida por miles de ejemplares en las estanterías del Corte Inglés y otros tugurios donde la cultura es un cheque-regalo.

La literatura berciana, si existe como tal, tiene abundancia de poetas, no anda escasa de novelistas, puede exportar ensayistas e historiadores locales, y despacha a diario periodistas y cronistas de todos los colores. Andamos, por la contra, escasos de dramaturgos: se cuentan con los dedos de la mano, desde Mateo Garza a Ovidio Lucio Blanco, sin olvidar al astur-berciano Carlos Álvarez-Novoa, a José-Cruz Vega y, si me apuran mucho, a don Adelino Pérez y su Morenica de mis amores. Las Letras Bercianas se asomaron estos últimos años a la novela negra, con los bercianos de adopción Arturo Suárez-Bárcena y Noemí G. Sabugal; también a la novela mágica, Luis Cerezales, La raspa del celacanto, o Susana Villar, La dama de las Médulas; y a la novela histórica: Fernando Cerezales y sus Murallas de Bérgida; etc.

A bordo de la Esperanza
Nos faltaba, sin embargo, la novela de ciencia-ficción y me parece una buena señal, un signo de madurez de nuestra tribu literaria que desde el planeta Júpiter, a borde de la nave Hope (Esperanza), dispare sus balas de ficción un francotirador berciano, el ponferradino Ruy Vega.

Su novela El Proyecto Dream [Editorial Atlantis, 2015, 436 págs.] inaugura, en lo que a mí se me alcanza, el género de ciencia-ficción en el ámbito de las Letras Bercianas: es la primera novela de ciencia-ficción berciana y no habla de política local lo cual, tratando de extraterrestres y marcianos, bien podía haber sido un argumento entretenido.

El Proyecto Dream narra la odisea de la nave espacial Hope en su regreso a la órbita terrestre tras un viaje interestelar en el que una cápsula robotizada ha recogido muestras de la capa de hielo que recubre el satélite Europa, uno de los satélites de Júpiter. El objetivo de la misión, del Proyecto Dream, es encontrar nuevas formas de vida en el agua líquida sumergida bajo el hielo del planeta Europa. Sirviéndose de una estructura narrativa de crónica periodística, con fechas y entradas o posts de un blog imaginario, La estrella que ya no brilla, o de novedosos medios de comunicación (cadena de radio EBZ, The Nacional Journal, A voz de Brasil…), Ruy Vega construye una historia con rasgos de actualidad (o mejor, como toda ciencia-ficción que se precie, se anticipa a la realidad: así, cuando habla de “incidentes en el traslado de los enfermos contagiados por el virus Dream”, parece anticipar recientes episodios del Ébola).

Un búnker en Bergidum
El problema –el contagio del virus Dream– va creciendo y la Organización Mundial de la Salud y los Estados se ven desbordados: algo nuevo está ocurriendo, una situación «fuera de control». Quizás todo ello sea el paradigma de la sociedad en la que vivimos: Internet fuera de control; la economía, las bolsas, los mercados fuera de control; el Estado terrorista Islámico fuera de control. Un signo de los tiempos. Nada de lo que ocurre a bordo de la nave Hope nos es ajeno.

Al final del viaje Ulises regresa a casa: “Y aquí estoy yo –escribe en su diario el doctor A. López–, en Bergidum, un lugar habilitado en España para aquellos que seguimos siendo personas. Es una especie de búnker-ciudad amurallada construido en la antigua zona del Bierzo, de ahí su nombre, rica en productos naturales que podemos cultivar”. Y ahí se queda el protagonista, para los restos, protegido por el “precario ejército de los Rabiosos”.

El Proyecto Dream: solo para paladares que disfruten con la ciencia-ficción, primera novela larga, y extensa, del ingeniero y escritor Ruy Vega. Un paso más en la pluralidad de géneros que, desbordando los límites consabidos de las Letras Bercianas, se adentra en territorios literarios desconocidos. Desde Ponferrada hasta la órbita de Júpiter, pasando por la NASA, para regresar cual madre nodriza al búnker de Bergidum, portando un virus contagioso que en El Bierzo causa estragos: el virus de la literatura.

@ValentinCarrera
Entrevista con Ruy Vega
Editorial Atlantis
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