Anoche invité a cenar a una independentista catalana, Lineta Estelada, y un nacionalista español, Pepe Tordesillas, y les serví una fuente de pimientos del Bierzo asados.
—¿Qué veis en este plato?
—Uns pebrots –contestó Estelada, con acento de Horta.
—Unos pimientos –dijo Tordesillas, en perfecto castellano medieval.
—¿Nada más?
—¿Qué más hay que ver? -replicaron ambos con simpleza.
—Veréis, en este humilde plato, de fondo hay una latica de huerta cultivada a mano, abonada con compost casero, regada con agua de lluvia y sin herbicidas. La salsa está hecha con el trabajo incansable de la Naturaleza y el aroma lo pone el paso del tiempo.
En la sartén brilla aceite de oliva picual, puro de almazara, del productor Ildefonso, de Arjona, sin intermediarios. Comercio justo, mejor y más barato que en el súper.
En el interior de cada pimiento hay láminas de ajos de Zamora, de la ristra comprada en el Mercado de Ajos de Bembibre; y lascas de tocino de jamón, porque, ¿sabéis?, en la sartén chispea una antigua receta berciana, sencilla, barata, exquisita, que preparaba la abuela María en Rimor, que sigue haciendo mi madre y que ya saben cocinar mis hijas.
Sobre la mesa veo un lujo que no se vende en tiendas ni hipermercados, superior al caviar de 20.000€ del delincuente Blesa. Y veo también salud: una comida sana, sin conservantes, colorantes ni “matabolizantes”.
Son solo unos pimientines. No cotizan en bolsa ni salen en el telediario. Son perfectos, aunque los de esta cosecha no pican, pero he de arreglarlo el próximo año con unas granas rabiosas de las Huertas del Sacramento.
Me pareció ver que Tordesillas y Estelada se chupaban los dedos. Las dos botellas de mencía que tomaron hicieron el resto. Por la mañana, las caras de gozo de Pepe y Lineta anunciaban fornicio sin disimulo.
Diréis que el final no viene al cuento; pero frente a la película de terror que nos está contando Marianico El Corto, prefiero imaginar a Estelada y Tordesillas copulando gozosos gracias a unos simples pimientines bercianos.
Las cosas simples son las más complejas.

La Nueva Crónica, 20 de septiembre de 2015