Dos meses después de la tragedia de Angrois, Compostela vuelve a ser noticia por una desgracia, una niña de doce años asesinada, tal vez por sus padres, a quienes buena parte de los medios de comunicación y vecinos más o menos morbosos ya han condenado sin juicio.

Es todo terrible: sabéis que vivo en Santiago; tengo una hija de 12 años, como Asunta; su padre es periodista, nos saludábamos como compañeros, cordialmente, siempre me pareció una persona amable y educada. El juez que lleva el caso es también compañero en las tertulias de la Radio Galega. Asunta estaba en la clase de E., hija de mi amiga I.; el Instituto Rosalía donde estudiaba la niña está conmocionado; las niñas de la clase de Asunta reciben apoyo sicolóigico.

Mis colegas de prensa, sobre todo de cadenas amarillas de TV, rondan como buitres: la desgracia ajena multiplica la audiencia. De una miseria, hacen millones de miserables regodeándose en el morbo. Cuando no hay información, intoxica que algo queda. Insoportable.

Se multiplican los bulos: Noticias La Sexta dice que la madre «viajaba a Marruecos con frecuencia con un sindicalista» y apuntan sin dar el nombre a uno que lleva años sin viajar a Marruecos porque no tiene pasaporte; pero El Correo Gallego ya publica su foto… sacada del programa de Ana Rosa. Todo vale: fármacos, antidepresivos, herencias, un ladrón con guantes de látex, se traduce el blog de Asunta (¿nadie protege la intimidad de la menor, incluso fallecida?).

La Guardia Civil contribuye a la puesta en escena espectacular, de película americana, muchas sirenas. El cadáver de la niña ya ha sido incinerado, también los de los abuelos fallecidos hace meses. Crece el disparate y la marabunta. Hoy declaran los padres: otro prime time en los telediarios; mientras se habla de eso, nos olvidamos de la crisis y el paro, pero solo hasta las 21 h., que empieza el fútbol.

Familia y amigos wasapean, ¿qué sabes? No sé nada: tanta cercanía y tanta proximidad solo me permiten una certeza: se están diciendo muchas cosas inexactas y medias verdades; algunos medios no buscan la verdad, sino el espectáculo. Sé que en este caso y en otros muchos no deberíamos precipitar el juicio. Sé que la realidad es engañosa, como los partes de salud made in Hollywood de su Majestad. No me creo nada.

Contengamos la respiración. Yo no tengo las respuestas a tantas preguntas y aunque ahora esté pensando aquí en voz alta, compartiendo la angustia con vosotros, os aseguro que en lo más íntimo, por respeto a Asunta, guardo silencio.

[Foto: Sandra Carrera Castaño]