Una de dos: o Pedro Sánchez es un completo «irresponsable», egoísta, mal patriota y todo lo demás que de él se ha dicho y escrito estos días; o por el contrario, Pedro Sánchez es un político «responsable», comprometido con su país, sensato y coherente. Las dos cosas a la vez, no.

Son el PP y Mariano Rajoy quienes deben aclararse: en el primer caso, si Sánchez es un completo irresponsable, no cabe la posibilidad ni remota de pedirle que colabore. ¿A semejante insolvente? ¡Seamos serios, Mariano!, con ese «irresponsable» no hay nada que hacer, búscate la vida por otro lado.

Supongamos, sin embargo, que Sánchez sea un político coherente, «responsable» de sus actos: cumple el mandato de su Comité Federal, respeta la presumible voluntad de sus votantes, es coherente con su programa y sus promesas en las dos últimas campañas. No cabe, pues, pedirle peras al olmo, sino felicitar a Sánchez, y a todo el PSOE que le respalda, por su coherencia, y mostrarle nuestro respeto (quiero decir, también el tuyo, Mariano).

A partir de ahí, quizás podríamos entendernos como país: desde el respeto mutuo, nunca desde el insulto, la descalificación y la amenaza: el maltrato.

Para conseguir el apoyo de alguien, en cualquier orden de la vida –ya sea en un negocio, empresa, en el Congreso de los Diputados o en el amor- son imprescindibles las buenas maneras, el lenguaje educado, el respeto… y un poco mucho de seducción. Lo contrario de lo que el PP y Rajoy vienen haciendo con Pedro Sánchez y el PSOE en los últimos meses. “No puedo recordar un solo discurso de los últimos cinco años destinado a persuadir”, escribió Ortega y Gasset en 1914, Vieja y nueva política, citado esta semana por Gonzalo López Alba en su lúcido artículo: El descrédito de los políticos [El Confidencial].

En lugar de amenazar, persuadir, he ahí el secreto, pero como seductor, Rajoy no es precisamente un crack. Mariano pretende sacar a bailar a Pedro a base  de insultos, codazos, pisotones, peinetas y cortes de manga. La agresión verbal del PP a Pedro Sánchez, con saña y premeditación, ha sido de tal calibre que entra en la figura penal del maltrato. En una relación de pareja, sabiendo que el maltrato verbal es antesala del maltrato físico, sería causa de una orden de alejamiento. ¿Es esto lo que quiere el PP, el alejamiento político del maltratado? Luego, Mariano vuelve con modales de maltratador arrepentido: ¡Anda, déjame entrar, vótame!

El PP y su líder necesitan un curso de reeducación emocional: pasa por respetar de verdad la autonomía del otro o la otra, su ámbito de decisión, su libertad (admitiendo que no son menores de edad o irresponsables, sino personas sensatas, maduras, dueñas de sus actos). Pasa, por tanto, por felicitar a Pedro Sánchez, al Comité Federal del PSOE y a todos los votantes socialistas por tener la honradez de defender su opción sin ceder a presiones ni a chantajes navideños.

A partir de ahí, es posible algún entendimiento: “Oye, ya sé que pensamos distinto, que debes respetar tu programa, tus promesas, a tus votantes, ¿podríamos intentar algún acuerdo razonable que no te violente? Yo también debo respetar a los míos, pero podría renunciar a esto y aquello… Sé que eres sensato, responsable, patriota; si no puedes apoyarme, lo entendería, ya sé que lo he hecho todo fatal y soy un desastre, que te he insultado y faltado al respeto muchas veces… Estoy decidido a cambiar. Mañana saldré a la tribuna del Congreso y delante de toda España reconoceré mis errores, alabaré tu coherencia y sentido de país; y pediré tu apoyo y el de tu partido porque sé que sois responsables. Pero si no me lo dais por coherencia, lo entenderé; no me lo merezco, no me he portado bien con vosotros ni con mi país, y me iré a casa”.

Ilustración: Eco Republicano.

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