El güerto

Tengo un güerto en casa que ni podo ni cavo, vendimiar si lo vendimio. Esto de tener un güerto –una latica dirían en Rimor– nace de la querencia por la tierra, heredada desde los bisabuelos y mamada desde niño: yo he ido sentado en el trillo de cañizo, a rastras por la era, y columpiado en el timón del arado, para que con el peso liviano del mocoso la reja hendiera más el “suco” endurecido por la helada. La querencia por la tierra no es algo que uno elija, como no escogen el coto de Doñana los linces y...

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