Tengo la sensación, compartida con muy distintas personas con las que hablo y procuro escuchar, de ser tratado por los profesionales de la política como un ser inferior, a quien Ellos desde su Olimpo de cartón-piedra miran por encima del hombro, como a súbditos mentales, menores de edad.

La conducta de estos políticos profesionales es un continuo insulto a la inteligencia: pretenden que traguemos, y muchos tragan, mentiras burdas que no diría un niño de siete años. Simplezas que no pasamos al camarero que nos sirve el café con décimo, a la profesora de catalán o al funcionario recortado, se pasan por alto a políticos insolventes, aplaudiendo con las manos untadas en vaselina.

Imaginen un panadero que dijera: “Todos los que compren aquí su hogaza son listos, cultos y tienen un criterio bien formado; pero los que compren en la competencia son unos ignorantes, desinformados, manipulados y tontos útiles” (esto último se oyó hace poco en el Parlamento Galego). Pues algo así pretenden con inmensa soberbia nuestros héroes de comic (seleccione el lector, la opción que corresponda): Monago, Feijóo, Mas, Díaz, Rajoy, etc.

Así, los 10.830.693 españoles, incluidos inmigrantes con papeles, que apoyaron al PP el 20 de noviembre de 2011, son cultos, personas con criterio que saben lo que conviene a España y votan a conciencia, con responsabilidad. Por el contrario, los 24.912.925 españoles que ese mismo día no votaron al PP son unos inconscientes, manipulados y malos patriotas.

En las últimas Europeas, 1.245.948 tontos bolcheviques han votado el programa “irrealizable” de Podemos, mientras 4.074.362 de adictos al amortizado Cañete saben lo que nos conviene. Sin embargo en Cataluña es a la inversa: los ciudadanos ejemplares son los 471.681 españolísimos y catalanísimos que votaron al PP (¡un gran éxito!), mientras todos los demás se equivocan, en especial esos 2.400.000 catalanes a secas (¡un gran fracaso!) que salieron a la urna el 9N manipulados por Artur Mas, TV3 y sus fondos de reptiles. Y así sucesivamente, exprimiéndonos en la cara el limón de su estupidez.

“Como yo no solo soy el mejor, sino el único que puede salvaros, si no me votas, te equivocas”, porque los infalibles, ahora que hasta el Papa Francisco ha declinado el dogma, son nuestros héroes fantásticos: el Superman de Plasma, la Reinona Choni o el Guaperas de Látex.

Es hora de exigirles un mínimo de decoro y humildad a estos profesionales de la política que llevan treinta años en coche y moqueta oficial pagada por todos, sin sacar en su vida un billete de bus ni mirar el precio del gasoil; y que lejos de salvar a la patria son ellos, quienes nos han gobernado en estos treinta años, con sus programas siderales, incumplibles e incumplidos, y sus promesas fatuas y patéticas, quienes nos han traído por el dogal hasta el borde del abismo.

Rindan ustedes a la sociedad responsabilidades de su fiasco y no pidan cuentas a los que aún no han llegado, que tiempo habrá si por un azar de la historia diez o doce millones de tontos útiles y manipulados toman el cielo por asalto en las urnas, votando como peligrosos bolcheviques, cualquier mañana de diciembre de 2015.

@ValentinCarrera
Imagen: Los cuatro fantásticos, by Marvel

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