Algunos llevamos meses diciendo que había elecciones catalanas en el horizonte sí o sí, pero no tiene mucho mérito la profecía: ¡estaba cantada! Si acaso, la medalla le toca al señor Junqueras, cuya mano mece la cuna del soberanismo catalán con pulso firme.

Viví en las calles de Sitges y a pie de urna los días del referéndum del 9-N, o como ustedes quieran llamarle: para este cronista fue un referéndum en toda regla y en fraude de ley; ambas cosas no son incompatibles y cuando la ley es un corsé, revienta. Durante aquellos días escribí en este blog sobre la saeta catalana, en homenaje a Ferlosio: “Cuando la flecha está en el arco, debe partir”.

Y es al fin que un 15-G (no del molt honorable punto “g”, que también, sino de gener, que es enero en catalán: lo aclaro para los que aun no habláis catalán en la intimidad), el arquero Artur Ulises Mas ha disparado la flecha. Por más que algunos se impacientaran, la decisión está en el plazo anunciado en noviembre y la hoja de ruta del soberanismo continúa -si no intacta, pues ese gato con siete vidas que es Artur Mas se va dejando pelos en la gatera, sí con magnífico estado de salud-: un suelo de 2,4 millones de votos plebiscitarios, se pongan como se pongan. Recordemos que en Galicia, Feijóo gobierna con “mayoría absoluta” gracias a 661.000 votos, 25% de un censo de 2.696.000 votantes, de modo que 2.000.000 de gallegos (tres de cada cuatro) no han votado a Feijóo. Y Rajoy tuvo 10,8 millones de un censo de 35.779.491, de manera que 24.912.925 ciudadanos no votaron al PP en noviembre de 2012. Con esta misma proporción, Cataluña sería independiente por una “mayoría absoluta” tan tramposa como las de Rajoy y Feijóo, solo que la ley del embudo electoral está girada para el otro lado.

Artur Mas ha disparado la flecha, pero es Junqueras quien sostiene el arco y el entramado social soberanista quien lo tensa, ante el descoloque de Duran i Lleida (“le llamé por teléfono” dijo Mas) o un PSC desaparecido en combate. Los contrarios al soberanismo, caben todos juntos en el taxi de Joaquín Garrigues, si no fuera que están tan mal avenidos que sería un gallinero, con Alicia Camacho de soprano, cacareando sus 246.000 votos, que eso sí es ser un partido residual en Cataluña (y bajando).

Lo cierto es que el 27-S unos y otros se van a retratar en unas urnas de cristal legal y transparente, y no hay cosa mejor en democracia que expresarse, votar, opinar, tomar decisiones. La flecha disparada por Mas no solo va al corazón de la moribunda Constitución Española, rasga el año 2015 de parte a parte y hace diana en las elecciones generales. Quizá el indolente Rajoy, cuando vuelva a de abrazar a su fracasado colega griego Samaras, tendrá que reconsiderar la imprescindible reforma constitucional. Si en diciembre de este año disuelve el Parlamento sin abrir el melón, es seguro que no habrá otra mayoría parlamentaria suficiente para hacerlo en una década. Y ese sí que será su gran error y su responsabilidad histórica: una fiscala obediente en campaña para hacer a Artur Mas héroe nacional de aquí a septiembre, y un par de errores más desde Moncloa, y Cataluña será independiente. En Moncloa tienen ocho meses para reírse; luego ya, si acaso, nos reímos todos.

@ValentinCarrera