¿Se acuerdan ustedes de aquellos dos trileros que se libraron de la cárcel porque el Tribunal Constitucional les puso puente de plata? Alberto Cortina y Alberto Alcocer, los maridos de las multimillonarias Koplowitz, hijos de ministros franquistas, socios, amigos y confidentes del Rey emérito, pilaristas, gente guapa, novias It girl cazadas por Interviu sin bragas. El retrato más casposo de la España del pelotazo. Pues tomen nota: vuelven los Albertos.

Vienen dos Albertos a tomar el relevo generacional del correoso Rajoy. El registrador más joven de España lleva 35 años en política, al menos desde 1980, de modo que, con sesenta años cumplidos, ya le toca la jubilación como a todo hijo de vecino. Hay que predicar con el ejemplo, Presidente hasta el día veinte. No soy yo quien lo echa, ¡pobre de mí!, sino los que dan codazos en las alturas: los nuevos Albertos.

En primer lugar, el niño aplicado de la clase, rubito, guapo, no pisa callos, ni una mala palabra ni una buena acción: Alberto Rivera. Excelente comunicador y mejor vendedor de crecepelo, recuerda al tahúr del Misisipi, sin la grandeza de miras de Suárez. Sin partido político detrás, nadie le regateará el mérito personal de cosechar un tercio de los votos y convertirse, él solito, en la tercera fuerza política unipersonal. Un crack: la volatilidad política en estado puro. Más aznarista que Aznar y más separatista que Albiol, se propone suprimir el Senado y las diputaciones de un plumazo sin tocar la Constitución, apoya a Su Majestad siendo republicano convencido y predica política social desde el más rabioso liberalismo capitalista. El 21 de diciembre, Alberto Rivera tendrá la llave de la Moncloa y anoche juró en TV que no votará a Rajoy.

De modo que es el turno de su primo de Zumosol, el otro Alberto, Núñez Feijóo, la Susana Díez del PP, que hace meses se aburre en Monte Pío, residencia del presidente de la Xunta de Galicia, donde también toca relevo en 2016. Feijóo lleva meses subiendo al trampolín para negar su salto a Madrid: se asoma en bañador, bronceado por el sol de Sanxenxo y otras latitudes, saluda y dice: “Depende”, arcano que en boca de un gallego significa lo que significa.

Tras el 20D, un Partido Popular en horas bajas, con 120 escaños y un ERE global, necesitará una transfusión de sangre nueva y nadie duda de que Feijóo es el mejor colocado para un pulso con Soraya: los constructores de puentes de Os Peares contra los abogados de Estado de la Brigada Aranzadi. Lean la letra pequeña de la actual presidenta del Parlamento de Galicia, Pilar Rojo, como candidata a la mesa del Congreso por Pontevedra: colocando piezas en el tablero por si “depende”.

Albert Rivera y Alberto Núñez Feijóo serán pareja de baile esta Nochevieja, cuando den las doce campanadas y a Cenicienta Rajoy la carroza se le convierta en calabaza y los corceles en ratones, cumpliéndose la maldición de la madrastra Esperanza.

Créanme, vuelven los Albertos, esta vez a dar un pelotazo político y esto no lo resuelve ni Pablo Iglesias, aunque se ponga corbata y se corte la coleta, que ya apunta maneras. Nos ha vuelto a tocar el premio gordo de Navidad.

@ValentinCarrera   
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Foto: El Confidencial Digital