Rubalcaba por fin la primera campaña de la democracia con el voto embargado. Embargada la democracia misma por la estafa continuada de la prima de riesgo, que sigue jugando al póker con los países europeos, alimentando la gran mentira de los mercados –esos “ludópatas infinitos”, en palabras del poeta Félix Grande- y su fabulosa conspiración contra la soberanía popular.

Rubalcaba la campaña y se cierran viajes, agendas, blogs, twiters, con un último tuitiño que podemos adivinar: “gracias a los que tal y tal”. Es la hora del reposo de los guerreros, esta noche dormirán en sus casas, con sus mujeres o maridos, tal vez ellos dentro del armario con algún amante y ellas con sus novias en la sauna del gimnasio. Los aguerridos e incansables candidatos volverán a ser normales, se pondrán zapatillas y pijama, verán un partido de fútbol, acariciarán a su perro, quizás pregunten qué tal van los niños en el cole…

Llevamos quince días intentando saber si los distintos candidatos y sus programas son creíbles, generan confianza y merecen nuestro voto. Pero no hemos visto, oído, sentido personas de carne y hueso detrás de cada candidato, sino superhombres y supermujeres. ¿Qué conducta pública nos proponen? ¿Qué horarios laborales, qué pluriempleo, que conciliación familiar? ¿Los suyos?

No podré dar mi voto a alguien que desayuna en Madrid, come en Málaga, merienda en Ávila y cena en Vigo; que en campaña y fuera de ella carece de vida personal y familiar; que lleva 30 años sin bajarse del coche oficial con chófer trajeado; que no sabe lo que cuesta una hora de parking o encontrar una plaza; que nunca ha cogido un autobús, que no ha pisado como lector una biblioteca pública, que hace siglos no va al cine, que jamás ha hecho cola en la sala de espera del ambulatorio; que no tiene tiempo para leer o escuchar música, para dar un paseo con sus hijos o conversar con un amigo.

Los superman y superwoman de la política son acorazados indestructibles, “ludópatas infinitos” de la política. Van con la matraca de mitin en mitin, leen discursos importantes que ellos no han escrito y dicen obviedades propias que sonrojan; pero el fondo de los ojos delata que están drogados y a veces zombies: ¿cuántos candidatos aceptarían someterse a una detección de estimulantes como se exige a los atletas y a los ciclistas? Pues yo quiero que gane el Tour un ciclista honesto y el escaño un candidato que no se chute pastillitas para dormir, para despertar, para el mitin y para después del mitin.

Me gustaría dar mi voto embargado a alguien humano, próximo, que se constipe y pille una gripe, que coja el mismo bus que mi vecina y la tuya, cuyos hijos vayan al mismo colegio que los del lector y al mismo médico; que conduzca su coche y baje la basura, que planche su ropa o haga una tortilla. Alguien que atienda personalmente su Twitter, sus mails, su móvil, sin esa cohorte de secretarios y lacayos que envuelven sus errores en algodón, pintan sus fracasos con purpurina y siempre, siempre, le felicitan. ¡Estuviste fantástico en el mitin! ¡Cojonuda la rueda de prensa; a ese periodista imbécil hay que cortarle las alas, qué se ha creído! Como en la mili, el Coronel no tose ni se acatarra ni tiene culo. @Tornarratos