por MANUEL CUENYA (Diario de León, 15 de julio de 2008).

LA LITERATURA de viajes me fascina, y El Viaje del Vierzo, de Valentín Carrera y Anxo Cabada, me entusiasmó cuando lo leí, hace ya un montón de años. Ahora me ha dado por releerlo porque, desde hace unas semanas, Carrera y Cabada están rodando un documental cuyo título es Viaje al interior de una provincia. Al parecer, éste será un viaje en globo por el Bierzo, además de algunos recorridos a pie, a caballo y en bicicleta por nuestra comarca. Cinco semanas en globo, como hiciera otro de nuestros grandes escritores de aventuras, Julio Verne, que con su viaje en globo por el continente africano, en busca de las fuentes del Nilo, nos descubrió un universo fascinante, y nos abrió de par en par las puertas y ventanas de la percepción, hasta lograr meternos el gusano del viaje en el cuerpo.

Por su parte, Valentín Carrera, que es también un gran viajero, ha preferido darnos un garbeo por nuestra tierra natal. A partir de este documental, sus realizadores escribirán un libro de viaje. Les deseamos buen viaje y esperamos que se convierta en una aventura apasionante. Mientras tanto, intentaremos seguir su ruta de viaje, como hacemos con el gaucho Eduardo Díscoli, a través de su Diario de Viaje. Díscoli salió de Buenos Aires hace ahora siete años, que se dice pronto, y continúa dando la vuelta al mundo, acompañado por sus caballos criollos. Ahora está en Grecia. Pero hace ya dos años, en la capital del Bierzo, tuve la ocasión de conocer a este fenómeno de la naturaleza, capaz como es de vivir sin angustia, sintiendo la libertad en todo su esplendor.

Largo camino y larga vida a este intrépido viajero argentino que no conoce fronteras, que ni siquiera conoce el miedo ni la ansiedad de anticipación, que vive como quiere, sintiendo el camino como si fuera su propia tierra, que lo es. Algo extraordinario, que no todo el mundo puede permitirse, por eso es grande este gaucho del siglo XXI. Dicho lo cual, a uno le están entrando ganas de lanzarse al camino. Pero por el momento seguiremos releyendo con pasión ese viaje a caballo por el Bierzo (Vierzo), desde sus primeras páginas en la capital Templaria hasta que logremos alcanzar El mirador de los dioses, en Lombillo, no sin antes hacer un alto en el camino en Noceda, y en concreto en la herrería de Pepe (capítulo 8 del libro), esto es, la fragua de Furil, nuestra fragua fetiche, desde donde seguimos herrando algunas palabras, y a veces errando, que a todo aprende uno, en este noble oficio de componer o fraguar letras.

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