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por MANUEL CUENYA (7 de febrero de 2010).

El amigo Valentín Carrera, berciano del Bajo y del Alto, con orígenes incluso en Noceda, o sea que es un nocedense ilustre, estuvo colosal como “Mantenedor” del Festival bembibrense, desde principio a fin. Ya me lo había anunciado el día anterior a la salida del Teatro Benevívere, luego de ver una Zarzuela, que a él lo durmió, o eso me pareció, aunque no lo reconociera abiertamente, y que a este menda lo dejó harto indiferente, salvo algunas logradas intervenciones de algunos actores de nuestros, antaño, colegas del teatro Skené.

“Quiero que mi intervención sea diferente al resto de mantenedores —me aclaró Valentín—, empezaré declarándome vegetariano y hablaré de cómo será el 2040 en el Bierzo”. Visto y escuchado el pregón ayer noche, en una velada histórica, antológica, me da la impresión de que nadie debió de haber quedado indiferente, a tenor de los aplausos sentidos y las risas incontenibles, porque el Pregonero arreó estopa a diestro y siniestro, con un sabio manejo de la lengua y algunas referencias al tango, Borges y al Gaucho Martín Fierro. No en balde, Valentín no sólo estudió filosofía, sino que es un filósofo, un sabio renacentista de nuestro tiempo, como lo definiera el alcalde de Bembibre, Jesús Esteban, o sea Susi.

Aventurero, viajero a los confines de la tierra, cineasta, escritor, periodista y sobre todo una excelente persona —puedo dar fe de ello—, Valentín comenzó su disertación desmitificando la palabra mantenedor —¿qué es esto?, ¿no sería mejor decir pregonero?, y en concreto Pregonero Mayor— hasta la promesa, bien cumplida, de no pronunciar, en ningún momento, la palabra botillo en su discurso atrevido y original, certero y humorístico, atizador y envolvente, aunque tuvo la noble ocurrencia de involucrar al público para que éste fuera quien la pronunciara por él.

“A Fabero vendrá como pregonero Revilla, el presidente de Cantabria, que si fuera Revillo, probaría…”, dijo más o menos, entre otras frases “retroalimentativas” para que el personal comunicara y comulgara en este altar gastronómico, donde una tripeja asquerosa, rellena de carne de gocho, y aderezada con pimentón —en otros tiempos comida de pobres y de cavadores de viñas—, se ha convertido en el plato estrella de este Bierzo, que en 2040 será República Independiente —República platónica, quizá—, con capital en Villafranca, las Cortes en el Castillo Templario de Ponferrada y el Tribunal de Justicia en Bembibre.

El Bierzo entero será declarado paraíso fiscal, como Andorra o Mónaco, lo que atraerá a nuestros vecinos astures y gallegos en busca de perfumes y tabaco, que compararán en Cacabelos.

Contaremos con nuestra propia moneda, el eurín (en cuyo anverso figurarán unos chorizos rampantes, mientras que, en el reverso, estará estampada la cruz templaria), así como con nuestra propia bandera y pasaporte bercianos. El berciano, a través de nuestros Estudios Superiores Bercianos, será considerado como lengua cooficial del nuevo estado republicano.

Nuestras relaciones diplomáticas serán de preferencia con Kosovo, Cataluña y Gibraltar. Por lo demás, tendremos delegación propia en la ONU y nuncio del Vaticano. El Banco Central del Sil será nuestra Caja España. Y nuestro ejército, ataviado con hábito templario, ni siquiera se atreverá a invadir Astorga, porque somos pacíficos y nunca hemos tenido afán anexionista.

En lo deportivo, estaremos en los Juegos Olímpicos de Madrid 2040, y el Atlético Bembibrense y la Deportiva Ponferradina jugarán, cómo nó, la Champion League.

Carrera no dejó títere con cabeza, como debe ser, porque si a uno lo invitan —y encima no le pagan, qué manda cullóns— “me despacharé a gusto y gana”, debió pensar él, y así lo encaró, con una enorme entrega y coraje, con una extraordinaria capacidad lingüística y una puesta en escena divertida, desde el guiño inicial del teléfono, en recuerdo tal vez al genial Gila: “Sí, mamá…ya…”, en complicidad familiar y con el público, hasta poner a escurrir tanto a Aznar, Rajoy y Espe (de un modo harto sutil) como a Zapatero (burguesito que, en su vida, tal vez nunca haya bajado a la mina para saber lo que vale un peine, esto lo dice este menda, sin mala leche, y por su cuenta y riesgo). “Si es que la culpa de todo la tiene o la va a tener Zapatero”, dijo con ironía Valentín. Que en este país surrealista y pendenciero, cuando se ensañan con uno, mejor que te metas bajo tierra, o te largues a las Islas Caimán… Ahora la está pagando Zapatero, pero el resto de políticos, tantos de derechas (malos malísimos) como de izquierdas (la izquierda es sólo un mito, y ya no hay gente de izquierdas) nos asustan como el hombre del saco y el sacauntos. Corre, corre, que viene el coco. Qué políticos tenemos, santo cielo, ¡si es que no nos los merecemos!, ay, de lo pésimos que son, se me ocurre decir. Y, de paso, me apetece recomendar a los lectores que se lean, si no lo han hecho, La España Invertebrada, de Ortega y Gasset. Por esto, y tantas cosas, en los países locomotoras de la Unión Europea, véanse Francia y Alemania (con dos gobernantes olé), nos ven como los pigs.

Pero volvamos a Valentín y al guiño demoledor (en bis) a esa “política”, en boca de todos, que se despacha, en un desliz a micrófono abierto, con un hijo de puta… y así, en este plan, de lo más barriobajero, por parte de nuestros politiquines comemierda.

Bravo, querido Valentín, por atreverte con un pregón así de ingenioso, en el que no faltaron las reclamaciones que algunos internautas y facebookeros hicimos… ¿qué ocurrió con el certamen literario? Etc, etc, etc. Gracias por ese recuerdo especial para el manuscrito de Cobrana, o esa mención de honor a la pareja política leonesa del año, a saber, Isabelita Carrasco (Presidenta de la Diputación) y José Luis Ramón (Presi del Consejo Comarcal del Bierzo), romance que podría acabar en boda: León versus el Bierzo, como el celiano y brutalmente lírico Cristo versus Arizona. Asimismo, Valentín (a quien a partir de ahora también nombraremos magostero Mayor de Noceda) nos predijo el futuro en el Bierzo de 2040, con Susi aún como alcalde de Bembibre, Zapatero sacando todavía las tropas de Irak, Rajoy contándonos cómo vamos a salir de la crisis (en un eterno retorno nietzscheano, creo), mientras La herrería de Compludo, hoy semiabandonada, estará en un estado calamitoso, y Las Médulas contarán con un McDonalds.

Después de su magistral pregón, Valentín dio paso al ilusionismo del argentino René Lavand, que también nos metió en el bolsillo, más que con sus trucos y malabares de naipes, que sin duda son extraordinarios, con sus reflexiones y su sensibilidad artística. Me emocionó este señor, de la edad de mi padre, a quien Carrera regaló su libro, Viaje interior por la provincia del Bierzo, porque además este mago o ilusionista de una sola mano, filósofo y poeta, aparece en su libro.

Luego me fui a cenar, como quien se desangra (por decirlo con sentimiento y en final gauchesco) en compañía, entre otros, del amigo Celemín. Gracias Jesús. Y compartí mesa y mantel, también, con una pareja, que resultó, al menos él, ser político, como la mayoría (la mitad al menos) de quienes asisten a tal sarao. Politicos, periodistas y demás. Me dijiste sólo tu nombre, Manuel Castro, pero ahora ya sé que eres concejal… de Turismo, ¿no?

Nos vemos, esperamos, el próximo año. Doynunaño.