Los partidos que gobiernan las distintas instituciones bercianas no se han caracterizado por su sensibilidad ecologista.  Quienes llevamos años defendiendo, por ejemplo, las energías alternativas estamos acostumbrados a desprecios: “¡Molinos de viento, como don Quijote!”, nos decían ya en 1977, cuando nuestro catecismo eran las revistas Integral y Ajoblanco.

La energía eólica, verdad, fue una risa, un motivo de burla, hasta que llegaron Fenosa e Iberdrola y dijeron, “Tó pa mí”, y lo convirtieron en un gran negocio. Ahora tenemos los montes bercianos privatizados por grandes compañías eléctricas, que han plantado todas las crestas de gigantescos molinos; y los que antes se reían de la energía eólica, callan como p… (no completo la frase por si alguien está leyendo LNC en horario infantil).

No solo callan ante la contaminación, la desertización o el cambio climático, sino que lo niegan, como el patético Trump. Los Trumps locales se burlan de los ecologistas: parece ser que andamos todos por la plaza Lazúrtegui tapándonos las vergüenzas con una hoja de parra. De modo que, quizás, si les hablamos de una Agenda Verde para El Bierzo, se reirán: somos cuatro pirados ingenuos, tres yayoflautas y el del tambor.

Una Agenda Verde para El Bierzo suena casi exótico: en España, país líder en paro juvenil, corrupción y otras desgracias, en materia de ecología estamos a la cola de Europa, donde la agenda verde ocupa un lugar central en el debate político. La defensa del ambiente, la salud, la vida natural, el comercio ético, las energías renovables, la lucha contra contaminantes cancerígenos como el glifosato, y contra multinacionales perniciosas como Monsanto, o la descarbonización de la energía atraviesan transversalmente la acción política en el Parlamento Europeo, en los países nórdicos o en Suiza y Alemania. Véanse las recientes movilizaciones contra la reunión del G20 en Hamburgo, o contra el CETA —el acuerdo de comercio con Canadá—, que aquí nos han metido sin leerlo y sin vaselina, y no les digo por dónde nos lo han metido por estar en horario infantil.

En una comarca pequeña —“Lo pequeño es hermoso”, decía Schumacher— tan ligada a la naturaleza, al terruño, urge poner en hora el reloj atrasado, atrasadísimo, de nuestro modelo de desarrollo, crecimiento y consumo. Convendría poner cuanto antes la hora de Suiza o de Noruega, escuchar la conciencia ciudadana, cada día más sensible: poner sobre la mesa una Agenda Verde para El Bierzo.

Quedan dos años para que los bercianos y bercianas hagamos ver a nuestros representantes la urgencia de incorporar a sus programas (locales, comarcales, provinciales y autonómicos), una batería de medidas verdes. Quedan dos años para abrir el debate ecológico en nuestra comarca, en profundidad, sin tapujos.

¿Qué modelo de país, de comarca, queremos? ¿Qué necesita El Bierzo? ¿Qué tipo de industria no contaminante, qué energía, comercio, agricultura, turismo? ¿Qué desarrollo, qué demografía, qué modelo de beneficio social, qué economía sostenible a largo plazo? Sin responder a estas preguntas, mediante un amplio debate social democrático, seguiremos dando palos de ciego.

En esta sección he cuestionado la utilidad social de Endesa o de la minería del carbón, sectores en cuyos jugosos balances nunca se imputan los costes sociales ocultos y los costes ambientales a medio y largo plazo. Por mucho que algunos alcaldes o concejales se pongan como gato panza arriba, el debate sobre Endesa o sobre la minería tiene los días contados, y más nos valdría que dejaran de mentirnos, con falsas promesas de creación de empleo (llevan veinte años con esa milonga y el sector sigue agonizando como un dinosaurio herido).

Una Agenda Verde para El Bierzo requiere un debate ciudadano —partidos, instituciones, empresas, sindicatos, agricultores, hosteleros…— en el que se diseñe una cierta idea de país. Alguien lo ha llamado hace poco “Bierzo Sostenible”. Una producción agrícola, vinícola y forestal sostenibles, basadas en la agricultura ecológica, limpia de insecticidas y glifosatos. Un tratamiento integral de montes y ríos, las venas y arterias que dan vida a la tierra. Una serie de industrias no contaminantes: nada de quemar neumáticos ni más chimeneas, ni patrañas de plantas de biomasa. Nada de plantaciones masivas de eucaliptos, ni más zonas de la biosfera asfaltadas, ni más valles tapiados con bloques de cemento. Nada de pizarreras destrozando Valdeorras y La Cabrera para sacar un 10% de mena y dejar un 90% de escombros: pan para hoy, hambre para mañana.

Pero todo esto no son acciones aisladas, ni batallas de unos pocos contra enemigos muy poderosos (Victorino, Endesa, Cosmos, Forestalia y sus bien pagados aliados políticos). Una Agenda Verde para El Bierzo significa un cambio de modelo energético y económico en nuestra comarca, acorde con el cambio de modelo que se está produciendo en los países más avanzados y prósperos de Europa. Países que lideran la desinversión en combustibles fósiles y la implantación de energías limpias. Necesitamos crear muchos puestos de trabajo, pero no en la mina ni en cementeras ni plantando eucaliptos que deserticen nuestros montes, sino en sectores sostenibles, limpios, renovables. Manos a la obra. ¡Arriba las ramas!

Foto: Cubillos del Sil, de la serie Viaje interior por la provincia del Bierzo, de Anxo Cabada.

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