Mientras los diputados se descalificaban entre ellos en el Parlamento, una pareja agobiada por las deudas se suicidaba en Fontiñas.

Carece de mérito adivinar cómo será el pleno del Parlamento Gallego mañana, cuando suban unos y otros a la tribuna, por riguroso turno y tiempos medidos, para aclarar el misterio de las fotos de Feijóo con Marcial Dorado. La profecía es fácil: habrá bronca, palabras subidas de tono, insultos, y tu más, y un par de expulsiones.

La derecha monolítica se empeña en que solo se hable de lo políticamente correcto y sin tacos, “como es debido”, catecismo académico en mano, mientras la izquierda dispersa se empeña en lo contrario. La vida del Parlamento transcurre ensimismada en círculos viciosos: acción, reacción; tesis, antítesis y vuelta a empezar. Da igual que se hable de la ley de galeguidade, de la universidad o de unas fotos comprometidas.

Un grupo de estudiantes visitaba el hemiciclo del Hórreo: se sentaron muy modositos en las tribunas y escucharon cómo los diputados y diputadas se afeaban la conducta unos a otros a cuanta de la Galicia exterior y de la emigración.

Encendió el fuego la portavoz popular, Paula Prado, ha nacido una estrella, lástima que haya usado toda su artillería para cargar tintas personales en un tono faltón: “le reto”, “manda chover”, “vostedes tocan de oído”, “nunca visitan ós galegos no exterior”. Son ustedes unos ignorantes, vino a decir, personalizando sus dedicatorias con insistencia, “señor Jorquera…”, “señora Soneira…”.

Jorquera reaccionó muy enfadado: “Vostede sí que é unha auténtica demagoga”. Soneira remedó a Gila: “Alguien ha matado a alguien… alguien se ha hecho unas fotos con alguien”. La Presidencia contuvo la respiración, supongo que por no malgastar su devaluada autoridad ante la que se avecina en el pleno del miércoles. Al final del debate, por así llamarlo, la galeguidade estaba en segundo plano y proseguía el cruce de reproches en la tribuna, sin atisbo de racionalidad, comparando el Centro Gallego de la Habana con la catedral de Santiago, y sin un gramo de consenso.

Es así casi siempre: si retransmitieran el pleno por TVG en directo, la gente cambiaría de cadena de inmediato. ¿Qué pensarían los estudiantes de Bachillerato allí presentes? Es como si en un juicio, en vez de hablar de las pruebas del crimen, los abogados se dedicaran a atacarse unos a otros. Me saber mal generalizar, porque hay excepciones, pero la política ha perdido el norte y la sintonía con la calle. Metroscopia, Sondaxe, CIS y todos los sondeos lo confirman una y otra vez, con índices de desafección y desconfianza que rozan el 90%. Sus señorías representan al 10% restante.

Mientras Paula Prado, Soneira y Jorquera se descalificaban en presencia de los estudiantes, ¡qué ejemplo tan edificante!, a escasos metros del Hórreo, una pareja agobiada por las deudas se suicidaba en Fontiñas. Aquí no valen ya los chistes de Gila, porque sabemos quién apretó el gatillo, señorías: la desesperación. La falta absoluta de horizontes y el abismo a los pies del ciudadano, mientras el Parlamento sigue absorto en sus naderías. Eso sí, cumpliendo el reglamento.