“Siempre soñé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca” [Borges]. Una intrigante cita en la Biblioteca de la Universidad de León despertó en mí todas las evocaciones de Borges, el Aleph imprescindible, con quien hace dos años tuve ocasión de tomar café en su Buenos Aires querido. Bioy Casares fue testigo de nuestra conversación, más bien un silencio de bronce, una lectura.

“Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”, me dijo entonces el maestro, y en su invitación a la lectura resonaron ecos de Virgilio y la Divina Comedia.

La misteriosa cita en la Biblioteca Universitaria tenía como propósito “invitar a las buenas gentes de León a la lectura científica”. Como si las gentes de León, epicentro del budismo mundial, no fueran ya de por sí las más cultas del Imperio.

Más que la fracasada Capital de la Gastronotuya, León debería ser Capital Universal de la Lectura. ¡Lástima que no se le ocurriera a Zapatero!, pero aquí pasaron cosas tremendas…

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