No tengo reparo en confesar en público que he llorado como una magdalena viendo, escuchando, sintiendo a Tere comparecer, a través de los medios de comunicación, ¡qué valiosos siempre!, ante la sociedad española para decirnos que ha superado el Ébola.

La comparecencia de Teresa Romero, aún débil y convaleciente, ha sido sobria y sincera: como un ser “normal” llama a las cosas por su nombre. No dice “recipiente de cristal incoloro que contiene líquido elemento” para hablar de un vaso de agua.

Con sencillez, Teresa ha dicho varias cosas importantes: 1) Agradecimiento infinito al equipo médico. 2) Que se ha curado a pesar de la pésima gestión de los responsables políticos. 3) Que no guarda rencor. Y 4) Que no sabe bien cómo pudo ocurrir, circunstancia que los científicos corroboran: no sabemos aún ni cómo se contagió ni cómo se curó.

¡Ah!, pero un consejero de sanidad mediocre, patán, ignorante e insensible ya sabía hace un mes que todo había sido una imprudencia de Teresa a la que acusó de mentirosa y frívola (“tan mal no estaba si se fue a la peluquería”). Y una ministra insensible, incapaz y mediocre sigue en su puesto admitiendo “que igual hicimos algo mal”. ¿Qué monstruos hemos creado? ¿Qué capacidad de mentira, qué falta de empatía nos gobierna?

Cuando Tere habla los ciudadanos normales lloramos, los periodistas presentes se emocionan y aplauden, la gente en sus casas siente cercanía con un ser humano. Cuando hablan la ministra y el consejero poseídos por la soberbia, la ciudadanía que conserva la dignidad en su sitio siente asco ante tanto desprecio.

Hubiéramos entendido, y llorado juntos, una ministra humana abrazando a la enferma, pidiéndole perdón por los errores, sean cuales fueren, admitiendo el dolor, reconfortándola en el mal trago, dando las gracias a la voluntaria que arriesgó su vida por ayudar a un moribundo.

Estos políticos de entrañas vacías, incapacitados para la empatía, encastillados en sus cargos -ellos y los rajoys que los sostienen- son una pesadilla de la que espero podamos liberarnos pronto. Si el sueño de la razón produce monstruos, este simulacro de democracia produce escoria.

La Nueva Crónica, 9 de noviembre de 2014
Foto: La Vanguardia