El Gobierno Mágico presidido por el tándem Merkel-Rajoy, que nos ha sacado de la Guatemala de la crisis para meternos en el Guatepeor de la corrupción, anda muy ufano haciendo propaganda de los ochenta millones de turistas que visitarán España en 2017.

Las calles y plazas de Madrid, orgullosas; los hoteles a rebosar, las playas hasta la bandera azul, acunando los melanomas de la próxima década; los negocios de hostelería y restauración, de bote en bote; y todos contentos en esta nueva España: el País de Jauja. Luego estamos los cenizos, como diría Rajoy, que tenemos la mala costumbre de ver la botella medio vacía, en este caso, la botella de agua completamente vacía.

¿Hay agua suficiente en España, agua potable para dar de beber a 45 millones de ciudadanos y 80 millones de turistas, que se duchan dos veces al día en los chorros resplandecientes de los hoteles, y además regar cientos de hectáreas de césped y campos de golf y llenar una piscina per cápita? ¿Hay agua, señor presidente del Gobierno?

En la verde Galicia, donde más llueve de toda la Península Ibérico-Catalana, zonas como Moaña y Cangas do Morrazo, en cuanto se duplica la población flotante, sufren cortes de agua. A medida que vamos cruzando las dos Castillas en dirección sur, la sequía enseña sus fauces llameantes y despiadadas. Más que de sequía —que en 2017 se anuncia terrible—, debemos hablar sin tapujos de desertización.

El desierto del Sahara, como los inmigrantes subsaharianos que huyen de la miseria y la violencia, avanza hacia nuestras latitudes: hay cientos de especies invasoras que nos visitan, como los turistas. Las plagas nunca vienen solas. Los más ancianos del lugar observan con asombro que las cigüeñas ya no emigran en invierno, y quizás pronto los rebaños trashumantes podrán quedarse todo el año en las brañas de Picos de Europa, sin necesidad de ir y venir a la Extremadura. También habrá que revisar el folklore y el cancionero popular.

La realidad es evidente: inviernos más suaves, veranos más cálidos, aumento general de la temperatura y disminución de las lluvias, es decir, de los recursos hídricos. Un extenso informe del propio Gobierno —no vamos a citar fuentes podemitas, trufadas de populismo, sino el rigor científico del Ministerio de Medio Ambiente, “Cambio climático y especies exóticas invasoras en España”— alerta con datos contundentes de los desastres que se avecinan, no en las próximas décadas, sino mañana, hoy mismo. Conviene insistir sobre esto, porque está extendida la idea de que el calentamiento global es una cosa distante, que nos roza de pasada, cuando hace tiempo que se ha instalado en casa.

La reflexión es sencilla: cada día tenemos menos agua y más demanda de agua, luego vamos directos al desastre. Tenemos menos agua potable, limpia, procedente de la lluvia, agua caída del cielo; y el agua que pasa por el ciclo humano vuelve a los ríos, lagos, pantanos y mares cargada de lejías, aceites, insecticidas y tóxicos varios. Al tiempo, cada día la sociedad —tú, yo y los 80 millones de turistas sedientos— consumimos más agua (limpia), y siguen aumentando las demandas artificiales: césped, jardines, piscinas, jacuzzis.

La idea de este Gobierno Mágico, cortoplacista y papanatas, es convertir toda España en Marina d´Or: un país de jubilados ingleses, alemanes, o de Cacabelos, con la pulserita de “todo incluido”. Un país sediento, asolado por los incendios forestales, que camina hacia la desertización, que vive de espaldas a sus bosques y ríos, con una economía que se columpia y duerme la siesta en la hamaca del turismo, dinerito fácil, pero trabajo esclavista, temporal, precario, del que ni cotiza a la quebrada seguridad social ni crea tejido económico.

El sentido común y las evidencias científicas avisan: vamos a pasar sed. Muchas partes de España, en toda su vertiente mediterránea, sufren ya sequía crónica, capas freáticas exhaustas, pozos secos, ríos y ramblas que solo son cauce de crecidas devastadoras, desaladoras enloquecidas como Aquaparks de Babel. Vamos a pasar mucha sed. No hay pan para tanto chorizo ni agua para tanto veraneante.

No necesitamos ochenta millones de turistas ni más piscinas, ni más apartohoteles, ni más césped, ni más espejismos de oasis en mitad del creciente desierto; sino más bosques, más bosques y más bosques. ¡Arriba las ramas!

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Más información:

Informe “Cambio climático y especies exóticas invasoras en España”, 2011, http://bit.ly/2stINBg