Cleptomanía

Conocí a doña Pura hace mucho tiempo en casa de unos familiares. Era la muy respetada vecina del cuarto. Una viuda elegante, con posibles, venida a menos desde la muerte temprana de Rosendo, con dos hijas gemelas, Purita y Rosenda, entonces quinceañeras, que hoy tienen nietos. Todas las tardes, con puntualidad británica, doña Pura subía a pasar el rato con la vecina del sexto, Vicenta, que la esperaba con un café con chorrito de leche de vaca, de la que había antes de existir la leche desnatada, con omega, sin grasa, sin lactosa y sin leche. Vicenta y doña...

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