Polichinela y los títeres de cachiporra en el Senado

Pío García Escudero era hace años un arquitecto brillante y progresista, un conversador inteligente y un tipo educado, simpático y dialogante. Se metió en política y ha llegado a la tercera magistratura del país, a presidente del Senado. Le observo de reojo en el último pleno, mientras leo los discursos de Manuel Azaña y Ortega y Gasset sobre el estatuto catalán en las Cortes de 1932, y me pregunto cómo es posible que el paso por la política transforme a un ciudadano normal, tirando a notable, en una sustancia parlamentaria gris y anodina, caricatura de sí mismo. Observo cómo...

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