La agenda de Mariano

En el 82 la derecha se irritaba porque los periodistas progres tenían la osadía y mala educación de tutear al presidente del Gobierno: “Felipe, ¿tú qué piensas de Solchaga?”, “compañero Felipe, ¿cómo ves lo de los astilleros de Ferrol?”. Todo muy campechano. Luego vino Aznar y se restableció el orden y el usted: nadie osaba llamarle Josemari, salvo su mujer, Jordi Pujol y Bush, todos ellos en la más estricta intimidad. Con ZP la cosa evolucionó del colegueo de la ceja y la sonrisa abierta al rostro impávido y la sordera, de modo que daba igual tratarle de tú...

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