En el sagrado nombre del dios Petróleo

Mi amiga Ire, firma partidaria del transporte público y de todo lo que sea compartir, viajó a Sevilla con su madre, de 86 años, y cuando le propuso una excursión a Granada en Bla-bla-car, la buena señora se alarmó un poco ante el peligro de viajar con un desconocido. Ya saben ustedes, el miedo, el argumento más poderoso de los gobiernos, de las empresas petroleras o de las costumbres sociales que nos dominan. El caso es que la madre de Ire fue y volvió de Granada feliz, sin dejar de conversar un minuto con un encantador y desconocido chófer....

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