Abuelitos

Nombres, no, que nos conocemos. La semana pasada hablé de una novia que me persigue en Twitter y salieron tres candidatas: “¿Lo dices por mí?”. Cuando hablo de alcaldes proxenetas no se presenta ningún voluntario: están alicaídos desde que falta Isabel. A lo que iba, que me distraigo: nombres, no, que todo se sabe. Me fui a cenar con mi amiga de hace treinta años: —Llevaré un clavel en la solapa, por si no me reconoces –le advertí. Apareció espléndida, como Sharon Stone cuando cumplió 50. Con las primeras cañas, puso barreras por si la noche despegaba: —Ya soy...

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