Martes romántico: El diorama de Gil

La historia, el azar y esa desidia decimonónica que extiende su hálito venenoso hasta nuestros días nos privaron de tener una, al menos una sola fotografía de Enrique Gil, de modo que hemos tenido que ir imaginando su rostro a partir de las descripciones de sus contemporáneos y, sobre todo, de su autorretrato en el relato Anochecer en San Antonio de la Florida: “Su vestido era sencillo, rubia su cabellera, azules sus apagados ojos, y en su despejada frente se notaba una ligera tinta de melancolía…” Sin embargo, estoy convencido de que Enrique conoció el invento de Daguerre y...

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