Sementeira: viaje a la memoria berciana

En 1792 Jovellanos se hospedó en el monasterio de Carracedo e hizo el inventario de su fantástica biblioteca, antes de que las tropas de Napoleón dieran cuenta de sus anaqueles y quemaran cientos de incunables y tesoros bibliográficos para calentarse en el crudo invierno de 1809, que los libros, ya se sabe, han de servir para algo. De aquella biblioteca digna de El nombre de la rosa, sobrevivieron algunos manuscritos y hojas sueltas, fragmentos de clásicos griegos y latinos, que el viento quizás sembró a la redonda: algo así debió ocurrir porque, de no ser por esta sementeira, no...

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