El novio

Ella tenía un novio inodoro, incoloro e insípido. No era carne ni pescado. Lo llevó a empeñar al Monte de Piedad y en la ventanilla se lo rechazaron por no acreditar que había sido adquirido legalmente. Intentó dejarlo en un contenedor de reciclaje, pero no era de papel ni de vidrio. Tampoco era exactamente orgánico y, además, no cabía por las ranuras. Preguntó en el Punto Limpio y también allí se lo rechazaron: “No recogemos novios usados, pruebe a ver en la parroquia”, le dijo el funcionario pulcro con sueldo de mil eurista recortado. De camino a la iglesia...

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