El Gatopardo se sienta en el banquillo de Palma

Los lectores y lectrices de esta modesta columna saben que con frecuencia empleo la ironía y cierto sentido del humor, descreído y escéptico, como herramientas de análisis de la actualidad política. Créanme que no lo hago por frivolidad, sino por simple instinto de supervivencia. Tal es el nivel al que ha llegado la degradación de la cosa pública. La degradación del espacio público, convertido el Parlamento en plató de TV y las ruedas de prensa en feria de las vanidades, es una calamidad y, ¡ojito!, no es casual: cada minuto que empleamos en las tertulias y debates en hablar...

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