Abrazos gratis

Acabo de regresar de un retiro friki por el que andaban tres cincuentones con un cartel al pecho: “Se dan abrazos gratis”. Me he dejado abrazar por ellos y, créanme, es muy gratificante. Deberían recetarlo por la Seguridad Social; en vez de médicos que ni te miran y examinan tu dolor en la pantalla informática, un doctor o enfermera que al entrar en la consulta te estrecharan con amor: —Coño, don Andrés, otra vez por aquí, ¡qué gusto abrazarle de nuevo! Sería sanador y ahorraríamos en aspirinas. Un concejal que cuando llegaras al ayuntamiento con la calle sin asfaltar...

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