El emperador de todos los males

El desafío es aprender a convivir con la nueva normalidad. Cuestionarse el concepto mismo de «normalidad», tan gastado, tan cómodo en política, en sexo o en religión para condenar todo lo que sea distinto. También hemos de revisar el concepto de salud: la sociedad, la televisión, o el Ministerio de Sanidad, dan por saludables prácticas y conductas enfermizas, patológicas. Por ejemplo, en la familia, en la escuela y en la parroquia. Muchos de los que pasan por ser “normales”, en realidad son unos auténticos “a-normales”. Piensen en familiares cercanos, en los concejales de su pueblo o en algún presidente...

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