Tengamos la fiesta en paz

La tragedia de las fiestas es para los feriantes, pero aquí directamente la Inspección de Trabajo, las normas de higiene y seguridad, la prevención de riesgos laborales no existen ni parece que le preocupe a nadie: Hola, señor Fiscal. Esas familias enteras —que sean pobres, quizás gitanos o extranjeros en precario, agrava la violencia laboral que sufren— se pasan meses enteros con horarios infernales, escuchando durante doce o catorce horas algo parecido a la música con una sirena chirriante cada cinco minutos, que penetra el tuétano. Si la oigo yo en la cama a kilómetros de distancia, ¿qué sordera...

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