El Parlamento de la calle

El Parlamento no es el patio de vecinos ni la taberna de Manolo, pero de ahí a que sea un cementerio de cadáveres políticos como el Senado o un lobby de funcionarios de partido y abogados del Estado, como el anterior Congreso, hay un trecho. La estupidez esa de «Sus Señorías» queda muy bien en la boca pastosa de aquel autoceremonioso Pepe Bono, que reñía al ministro Sebastián por no usar corbata, pero es una antigualla del siglo XIX: quienes se sientan en los escaños son simples representantes de la ciudadanía. No menos, pero tampoco nada más. Nada de...

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