Martes romántico: Cuatro perlas sin contemplaciones

Circula la idea de que Enrique Gil era un tipo serio y adusto, pero si uno se sumerge en su obra comprueba que, sin llegar a ser un cachondo mental, tenía un gran sentido del humor y cuando algo le enfadaba no le dolían prendas. En su viaje por los valles y monumentos del Bierzo, que describe en ocho artículos publicados en el diario El Sol en 1843 y ahora recogidos en el volumen III, Viaje a una provincia del interior, de la BIBLIOTECA GIL Y CARRASCO, nuestro viajero se enfada con los desaguisados que encuentra en Montes o...

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