Stendhal

Cuando Stendhal regresó a Florencia encontró todo cambiado. Acudió al museo Uffizi. En la entrada le recibió un gran óleo de Emilio Pucci: una mujer descamisada insinuaba sus curvas. En la galería del Quattrocento, admiró los óleos a la seda de Roberto Cavalli. Sobre una escultura de Missoni, con abrigo de Max Mara, colgaba un bolso de Prada. Demoró la mañana ante los paisajes interiores de Intimissimi, pintor morboso y detallista que se recreaba en la perfección de braguitas y sujetadores sobre vírgenes de otro siglo. El encaje salmón o negro sobre la piel bronceada, producía un excitante contraste...

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