El cuchillito de plata

Me había acogido tantas veces en la hospitalidad de su casa y de su afecto, que un día le dije “te espero a comer”, y preparé el mantel de las grandes ocasiones: lino tejido con el tiempo de compartir, punto de cruz bordado con la aguja y el dedal de conversar, flecos de risas y abrazos. Llegó como era, con esa vitalidad arrolladora que han heredado sus cinco hijas y un hijo. Me traía un detalle, un regalo al que quitó importancia: “es solo un cuchillito de plata”. Una preciosa espátula de untar, de formas redondas, amable al tacto,...

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