Adelanto electoral por la derecha: «¡Pedro, sé fuerte!»

Este Régimen de la Transición –no podemos llamar democracia a un sistema de doma y castración del voto donde un único partido lleva treinta años gobernando en Andalucía o en Castilla y León- conserva entre sus muchos rasgos cortesanos, el privilegio medieval de la disolución anticipada, discrecional o arbitraria de las Cortes, nacida, como todo esto, en el parlamentarismo inglés para permitir al rey deshacerse de un parlamento hostil. Como neófito, no entraré en la doctrina constitucional: doctores tiene la santa madre constitución; pero como ciudadano de a pie me parece que lo de disolver el parlamento cuanto te sale del pirindolo es una forma más de fumarse la voluntad popular, expresada con solemnidad para un plazo de cuatro años, que solo debiera alterarse por circunstancias muy excepcionales. “El Presidente del Gobierno, previa deliberación del Consejo de Ministros, y bajo su exclusiva responsabilidad, podrá proponer la disolución del Congreso, etc.”, dice el artº. 115 de la Constitución, y el privilegio se ha trasladado a algunos estatutos de autonomía, de modo que somos todos iguales ante la ley, menos los de Murcia. Más que de “su exclusiva responsabilidad”, la del Presidente, la Constitución debiera hablar “de su exclusiva irresponsabilidad”: a la vista está lo de Artur Mas en Cataluña y La que se avecina en Andalucía. ¿De verdad alguien se cree que actúan por interés público Mas y Junqueras ayer,...

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