Si me tocara la mano misteriosa envuelta en seda negra, no sé cómo reaccionaría. “Tienes cáncer”, me diría el médico, a quien desde el primer momento pediría claridad sin contemplaciones. ¿Me derrumbaría antes o después, sacaría fuerzas de flaqueza, inmensos deseos de vivir y de luchar? No lo sé.

No consigo saber, ni siquiera intuir, qué resortes emocionales e intelectuales se (re)moverían en mis entrañas, qué angustias, qué abrazos cercanos, qué despedidas, qué prisas por vivir, qué puertas por cerrar, qué libros sin leer, qué extraño y precipitado cumplimiento del verso inexorable de Borges: “¿Quién nos dirá de quién, en esta casa, sin saberlo, nos hemos despedido? Para siempre cerraste alguna puerta y hay un espejo que te aguarda en vano” [Límites].

Pienso en los pocos casos que me han tocado de cerca: Marta fue la primera de mis amigas a la que extirparon un pecho hace ya treinta años. Y ahí está, como si nada, cada día más estupenda. Nunca hizo tragedia del “bultito”. También Lola lo superó con valor y una cierta inconsciencia: sigue fumando. Carlos tuvo dos cánceres seguidos y te descerrajaba su optimismo: “Estoy fenomenal, si me deprimo tendría dos problemas, con uno me llega”, y en los paseos de Rabat añadía: “Sueño todas las noches con volver a fumar”. Nunca conseguí entenderlo.

De los amigos que están y de los que se han ido, me conmueve la despedida reciente de Pep Fortuny, que se fue al galope en su corcel de bondad. Pep, nuestro amado cámara de Os Viaxeiros, Ruta de la Plata, Caballeros de la Mesta, Bierzo en Globo…

Pep, ¡con quien tanto quisimos juntos!, decidió aceptar su suerte sin perder la alegría, con serenidad; supo que había llegado su momento con lucidez: para todos hay una calle que no volveremos a recorrer y un libro que no leeremos nunca.

En nuestra última conversación, quince días antes de irse, Pep me hizo un regalo que acompañará siempre a su recuerdo: para pelear hace falta valor, pero quizás sea preciso más coraje para mirar cara a cara a la muerte y aceptarla con serenidad, sin una queja.

La Nueva Crónica, 26 de octubre de 2014

[Este texto apoya la campaña de la Fundación Vencer el cáncer].