La paz sea contigo. Lo fácil es dejarse llevar por el lenguaje del odio: hablar de los moros con desprecio, decir que los marroquíes son sucios y los musulmanes terroristas. Lo ha dicho el Ministro de Interior con hipocresía calculada: hay que defender Occidente, que somos los buenos, de ellos, que son los malos. Así se siembra la cizaña y se multiplica el odio.

Quédense con este dato: el 95% de las víctimas del terrorismo son musulmanes. Lo decía anoche un imán (sacerdote) en París. El 95% de las víctimas de la barbarie son gentes de paz que sobreviven a duras penas en Siria, Irán o Pakistán.

Lo que diferencia el atentado en París contra Charlie Hebdo no es el asesinato de periodistas, que condenamos todos con dolor, sino el ataque a la libertad de expresión. ¿Solo la libertad de Occidente? ¿Nos importa menos cuando los crímenes y el secuestro de la libertad se producen diariamente en Gaza, Guantánamo o Abu Ghraib, en los campos de refugiados de Siria o en Irak?

¿Quién bombardeó Bagdad sin piedad hasta dejar el país arrasado? ¿Quién mató allí niños, mujeres, ancianos? ¿Quién alimentó la serpiente de Bin Laden, adiestrado por la CIA? ¿Quién crió a sus pechos al genocida sirio Basar-al-Asad? ¿Cuántas bombas y misiles vende España a gobiernos asesinos?

Eso que algunos llaman Occidente –que si te colocas en California es Japón y si te colocas en Japón es China–, es una etiqueta que nunca existió, como no existe el “terrorismo islámico”. ¿O acaso diríamos del IRA irlandés que es “terrorismo católico”? Empecemos por eliminar las mentiras del lenguaje y limpiaremos el odio de la conversación.

No hay terrorismos islámicos ni cristianos: el terrorismo no tiene apellidos; como no hay dictaduras malas (Cuba, Corea, Venezuela, ¡comunistas diabólicos!) y dictaduras buenas (Arabia Saudí, Emiratos o Qatar, que son amigos del Rey, nos compran el AVE y patrocinan al Barça y al Real Madrid, mientras ejecutan homosexuales y dan latigazos a sus mujeres por conducir).

No distingamos entre Oriente/Occidente, islamistas/cristianos, sino entre libertad y tiranía. No existe Nosotros los buenos y Ellos los malos, porque Ellos también somos Nosotros.

Ilustración: Raiss el Fenni (Tánger)
La Nueva Crónica,
11 de enero de 2015