En los #PapelesPescanova, que se anticiparon tres años a los #PánamaPapers, aparece numerosas veces en correos de Fernández Sousa y altos directivos de Pescanova la expresión “notario de confianza”.

La cúpula de Pescanova tejió una intrincada red de empresas fiduciarias y opacas en paraísos fiscales que les permitió evaporar 3.600 millones de € (lean de nuevo la cifra, 3.600 millones de euros), burlándose del fisco, de la banca, del dinero público recibido y del sursum corda. Las fechorías de estos (presuntos) delincuentes de guante blanco están contadas en mi libro Pescanova Crimen Perfecto (2013) y en el sumario que instruye el juez De la Mata en la Audiencia Nacional, que podría desembocar en juicio este mismo año.

No ha servido de mucho aquella investigación periodística, minuciosamente documentada en el Informe forensic de PW y otros documentos. Aprendemos poco y mal. A Sousa se le fue la bola de nieve financiera de las manos y se dijo que era un caso aislado. Ahora vamos sabiendo que Sousa, Carceller, Soria, Rato, Pujol, Ignacio González, Bárcenas, Urdangarín y un largo etcétera han tenido un comportamiento similar: no era un caso aislado, sino una epidemia: la pandemia de la corrupción.

Para cometer sus atracos, todos ellos han necesitado de una serie de cooperadores necesarios: me refiero a auditores y asesores fiscales, notarios y registradores de confianza: “¿Quiénes eran –nos preguntábamos en Pescanova Crimen Perfecto– los notarios de confianza a los que acudían a escriturar decenas de empresas instrumentales? ¿No era digno de sospecha abrir un día sí y otro también una sociedad aquí y otra allá, con nombres exóticos y administradores ausentes e interpuestos, testaferros que comparecían por poderes, otorgados en notarías lejanas o en consulados, con compras aparentes, actas de juntas y consejos que no se celebraron nunca?”.

Tengo plena confianza en la honradez de los notarios y asesores fiscales que conozco; y es seguro que la inmensa mayoría de estos profesionales respetan la legalidad y sirven al interés público, Nihil prius fide; pero me gustaría sacar hoy el foco de los ministros y artistas con cuentas off-shore y ponerlo sobre sus cooperadores necesarios. Porque las sociedades opacas no se hacen solas, y si nada disculpa la caradura de Soria, de Bertín o de Almodóvar, es cierto que todos necesitaron de amanuenses tan sucios y opacos como sus sociedades.

¿Qué han hecho al respecto el Consejo General del Notariado, el Consejo General de la Abogacía o el Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España? Conocer el nombre de los notarios de confianza de Pescanova es fácil: todas las escrituras constan en el sumario (en el que sí están imputados los auditores cómplices de BDO). ¿Por qué, señor juez De la Mata, no está procesado el notario de confianza de Pescanova o el de Carceller?

¿Hay un solo notario, registrador o auditor apartado, sancionado o expulsado por ser cooperador necesario al delito fiscal de las más sucias fortunas de este país?

La corrupción es un problema estructural y sus tentáculos se ramifican más allá de los ladrones de 1ª, en toda una red de corruptos de segunda y tercera fila, que mueven el papel. Hemos escuchado disculpas, “la naturaleza humana es así”; y hemos visto a muchos cooperadores necesarios mirar para otro lado y lavarse las manos con el grifo de oro de Panamá. Erradicar la corrupción pasa por expulsar a unos cuantos garbanzos negros, que envilecen una profesión respetable, y suprimir esas zonas de sombra que confunden el secreto profesional con la cooperación al delito.

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