Mientras el Insumergible de Pontevedra se cuece a fuego lento en su propio jugo, y los líderes entretienen la Semana de la Marmota con el rendibú de la Zarzuela, la economía profunda del país comienza a descarrilar, agotada ya la vía muerta en la que nos dejó sumidos la anterior legislatura.

De la visita al Jefe del Estado, o ciudadano Felipe, antes conocido como Su Majestad, solo ha cambiado una cosa: en la ronda anterior los portaestandartes aguardaban la llegada del monarca en el salón ese con tapices de la Granja; en la segunda ronda es al revés: el Jefe del Estado aguarda y el visitante plebeyo entra en la sala. No consigo descifrar las claves del cambio protocolario, reservadas a científicos de la talla de Jaime Peñafiel.

La Semana de la Marmota aporta otra novedad: el comando Corcuera está a punto de dinamitar el PASOK, previa patada en la puerta, con toda la ejecutiva dentro. De este asalto no se salva ni la casta Susana que últimamente solo habla para dentro. Sería cómico si no fuera tan patético.

La vida real, el país que alientan y alimentan 47 millones de ciudadanos y ciudadanas, excluidos los concejales populares de Valencia, empieza a no soportar el desastre que pronostican dos datos muy graves, que Mariano Rajoy y su pandilla de Sanxenxo silencian: hemos llegado a la cuesta de febrero de 2016 con a) la deuda más alta de la historia de España (sin remontarnos ahora a los banqueros de Carlos V); y b) la hucha de las pensiones saqueada y reducida a la mitad por un gobierno manazas.

El gran Rajoy recibió en 2011 el país con una deuda del 70,5%, similar a la alemana, y rendirá la plaza con el 102,1€ del PIB (“frente a la media del 42,7 % de otros países calificados con aprobado o BBB”, según despacho de EFE de hoy mismo). Ello no impide que Fitch nos de un aprobado alto (BBB+), pero ya se sabe la función de palanganeros atribuida por la Constitución a las agencias de rating. Debemos como país la friolera de 1,053 billones de euros y aunque algunos economistas críticos han anunciado el colapso (técnicopreocupado.com), el Gobierno se pone de perfil y De Guindos prepara su puerta giratoria.

Tampoco se habla del saqueo a la caja de pensiones: 66.815 millones cuando llegó Rajoy a la Moncloa, de los que quedan 32.481 millones (informe elevado por la ministra de Trabajo al Consejo de Ministros la pasada semana). De modo que ¡fiesta! Rajoy y sus mariachis se han gastado en esta legislatura 47.201 millones del fondo de reserva y queda pan para cuatro días. Pasado mañana, si acaso, que lo resuelvan los de Podemos.

El Gobierno más inconsistente e insolvente desde la Transición nos deja una herencia imposible, una carga financiera al borde del colapso, radicalmente injusta (cada nuevo español por el solo hecho de nacer ya debe una pasta cuantiosa) y una cuerda de galeotes formada por exministros, concejales, alcaldes y diputados sinvergüenzas de los que Mariano Rajoy se siente orgulloso: “Luis, sé fuerte”, “Camps eres el ejemplo de España”, “Rus, te quiero”. “Tranquilo, Gómez de la Serna, no veo nada raro”. “Rita, eres la mejor”. Esto en Venezuela no pasa.

@ValentinCarrera  
Ilustración: El Roto
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