Ahora que andan nuestros próceres —sin distinción de partido, sexo o religión—, pasmando por FITUR, la feria de turismo sexista con más azafatas per cápita del mundo, convendría preguntarse: ¿De verdad estos repartidores de folletos tienen un proyecto de turismo sostenible para El Bierzo? Vamos al lío.

Los dos lugares más visitados del Bierzo son Las Médulas y el Palacio de Canedo. Aquí acaban las coincidencias: el resto son diferencias cuyo análisis abre las carnes.

Las Médulas es un plató de cine venido desde Saturno, digno de Spielberg, un legado de los ingenieros romanos y los mineros indígenas. El paso de los siglos ha convertido en arte un destrozo ecológico propio de una cantera de Martínez Núñez o de Victorino Alonso. ¿Mérito de los bercianos? Ninguno. ¿De nuestras autoridades turísticas? Ni un gramo.

Durante siglos fue el abandono absoluto, luego décadas de tira y afloja entre poderes públicos, un pueblo en ruina total y un entorno degradado. Las Médulas hubiera sido un buen caso práctico para ensayar la «administración única» de don Manuel Fraga, pero sus nietos políticos lo han convertido en un modelo de mala gestión pública: apenas genera riqueza y nos cuesta bastante dinero.

El segundo lugar más visitado del Bierzo, el Palacio de Canedo, es una propiedad privada, gestionado por un emprendedor visionario e irrepetible, José Luis Prada. El Palacio de Canedo no es una herencia romana, no nos cuesta un euro público y genera empleo y mucha riqueza en la comarca; es una iniciativa levantada a pulso, con sudor, tesón a destajo, talento, arrojo y una demostrada capacidad de ilusión y entusiasmo. Estuve el día de Navidad tomando unas cerezas en aguardiente en el salón artesonado de Canedo: aquello era una romería interminable, un reguero de familias, grupos, parejas, amigos; no me lo han contado, lo he visto.

¿Puede el lector o lectora adivinar más diferencias entre ambos lugares?

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Web del Palacio de Canedo