por MANUEL ÁNGEL MORALES ESCUDERO.

En el anterior artículo ya daba cuenta del espíritu viajero que anida en algunos de nuestros escritores. Hablaba entonces de Manuel Cuenya y me acordaba de otro irredento viajero, periodista, divulgador cultural, estudioso y para lo que interesa a esta serie, interesante novelista, Valentín Carrera

Valentín Carrera sigue la estela marcada por Riszard Kapuscinski, el maestro de periodistas autor de obras memorables como ‘Ébano’. Su variada obra abarca tres décadas de trabajo que empezando en El Bierzo se abre al mundo para dar memorables historias. En esa faceta de viajero por la propia tierra se enmarcan sus obras ‘Viaje al fin de los mundos : peregrinación de Orense a Teixido’, ‘El viaje del Vierzo’ o ‘Los Caminos de la memoria’.

Como novelista, se inicia con la obra ‘La puta mar’ (Premio Blanco Amor de Novela 1990) en el año 1997. Se trata de una novela que sigue las experiencias vividas en el Gran Sol en el año 1988 cuando el periodista embarcó para esa mítica zona. Ya lo había hecho Ignacio Aldecoa en su magnífica novela ‘Gran Sol’ que se reeditó en el año 2001 recuperándose una obra muy valiosa del gran escritor vasco. En España no son muchas las novelas sobre el mar, a pesar de ser un país de extensas costas y con una larguísima tradición marinera. España ha tenido grandes marinos e ilustrados como Jorge Juan y muchos más marineros anónimos que, en el ámbito militar y civil, han servido a un país que, en ocasiones, se olvida de su Historia y muchas más veces, de su intrahistoria, como diría Azorín, esa que protagonizan las gentes de a pié.

Valentín Carrera aborda la epopeya de un grupo de marineros embarcados en el Riosil, un barco pesquero, que con base en el puerto de Marín, embarcan para el Gran Sol.

La novela es curiosa por inusual y porque capta con exactitud la situación de desesperanza, trabajo duro y a veces sin sentido, la lucha en definitiva de hombres convertidos en «patatas» frente a la inmensidad de la naturaleza. La novela tiene unos diálogos ágiles. El uso del lenguaje marinero es más que correcto y junto con el tratamiento y las descripciones del mar conforman lo mejor de la obra: «Paco fue empapándose de este roción marino, del salseiro que se esparcía por todo el barco y así fue instalándose en sus labios olor y sabor a mar fresca, a naturaleza antigua, mientras los ojos, entreabiertos cara al viento, rasgados, contemplaban la fervenza de la superficie blanca y espumosa».

Son precisamente las brillantes descripciones de los paisajes, de los trabajos marineros, junto con la penetración en la psicología de los personajes lo mejor de la novela. De hecho, creo que Valentín debiera profundizar en esta faceta de novelista pues hay suficientes elementos valiosos en ‘La puta mar’ como para merecer tener continuidad en otras obras. Aquí tenemos un buen ejemplo de lo que digo: «Los timbrazos resonaron en los camarotes, en el rancho, en los pasillos, en las letrinas, incluso en la sala de máquinas. Ricardo, en sueños, creyó recibir tres martillazos en los tímpanos y se llevó las manos a las orejas, pero aún no le sangraban los oídos. Era una perforación seca. Un taladro implacable que levantó a los hombres, como resortes disparados, y los puso en movimiento». Pero la faceta periodística y viajera puede más en la obra de Valentín. Como señalara Caballero Bonald refiriéndose a la figura de Ignacio Aldecoa, también Valentín Carrera une «el oficio de la literatura con la aventura de vivir». Esto es patente, como en ninguna otra de sus obras, en ‘Mayo iraní’, publicada en el año 2016, después de una campaña de crowfunding.

El libro es, según palabras del propio autor, el resultado de la experiencia acumulada en varios viajes anteriores que hizo por diversos países mediterráneos: Marruecos, Turquía, Egipto, Túnez y Argelia, e incluso España y la isla italiana de Sicilia.

Recuerda al periplo que hizo T.E. Lawrence para preparar su tesis doctoral por el norte de África, recorriendo olvidados castillos enterrados, y que luego fue el origen de sus ‘Siete Pilares de la Sabiduría’. En verdad, la lectura de ‘Mayo iraní’ evidencia un conocimiento profundo de la sociedad persa, una sociedad con la que tenemos más conexiones de lo que estaríamos dispuestos a admitir.

La obra de Carrera no es un libro de viajes, es mucho más, una reflexión sobre la sociedad muy potente La obra de Carrera no es un libro de viajes. Es mucho más. Es una reflexión sobre una sociedad muy potente con una población joven enorme que protagoniza un profundo cambio que se está produciendo ante nuestros ojos sin que parezcamos enterarnos. Valentín nos ayuda a comprender mejor ese volcán que es ahora mismo Irán, situado en un enclave estratégico en el mundo y del que ni Occidente ni el mundo entero pueden prescindir. De la misma manera que no entendí la matanza de hutus y tutsis hasta que no leí Ébano de Kapuscinski, es muy importante para entender el estado actual de Oriente Medio la lectura de Mayo iraní, la primavera persa. En este libro se encuentran las claves de la manera de escribir del mejor Valentín Carrera. Ya en el comienzo se nos dice que: «El viaje es siempre, siempre, necesariamente, una invitación a la humildad». Esa manera de mirar, dotada de una fina sensibilidad para ver sin prejuicios una cultura como la iraní es ya de por sí valiosa, en un mundo en el que hemos pasado de la admiración por una cultura mítica plasmada en «Las mil y una noches» al desprecio y el miedo por todo lo que suene a árabe o musulmán.

El escritor berciano se desprende de toda soberbia para acercarse a una cultura y una sociedad complejas. El autor reconoce que fue este viaje el que abrió su mente, el que despertó todos esos sentimientos e ideas que había ido acumulando durante cuarenta años de su vida. Hay, en efecto, viajes que marcan una vida. Todo eso está en ‘Mayo iraní’.

Termino con una frase que Valentín incluye en su libro que recomiendo encarecidamente. Es de la escritora Fátima Mernisi: «No podemos comunicarnos y dominar al mismo tiempo».

Así es, solo despojados de prejuicios, como ha hecho Valentín Carrera, podremos comunicarnos, podremos ser más sabios, como Shariar, el mítico rey de Persia, que tanto impresionó al Valentín niño.