Mientras Rubalcaba prosigue concienzudamente su demolición sistemática del PSOE, empecemos a sentar los cimientos del socialismo del futuro: hablemos de Pepe Blanco.

No sé si es cierta la anécdota que se cuenta en Galicia. En 1991, el veterano militante de las Juventudes Socialistas, José Blanco, que ya era senador por Lugo, encabezó la lista del PSOE en las municipales por su circunscripción natal y familiar, Palas de Rei, y quedó a las puertas de ser alcalde, por un concejal de diferencia, frente al rival del PP, Manuel Santos, que obtuvo mayoría absoluta.

Blanco regresó años después a su pueblo para recibir un homenaje, reconvertido en el todopoderoso secretario de organización del PSOE y ministro plenipotenciario de Fomento, calcando el esquema de Álvarez Cascos, que tan buen resultado había dado a Aznar. En su discurso, Blanco agradeció a su antiguo rival aquella amarga derrota:

-Santos, te debo toda mi carrera política; de no haber sido por ti, hoy yo sería… ¡alcalde de Palas!

Pepe Blanco, militante socialista desde los dieciséis años, el político más odiado y ridiculizado por la derecha, después de Zapatero; el hombre que lo fue todo en el PSOE y en el Gobierno, sin cuyo permiso no se movía una coma en el BOE ni en la Galicia periférica que manejaba con mando a distancia, quitando y poniendo touriños.

Ahora dicen las lenguas afiladas como cuchillos de matanza que José Blanco se juega su futuro político ante el Tribunal Supremo, que decidirá esta semana, o la próxima, o la siguiente, o dentro de un año, ya sabemos que los calendarios judiciales son aleatorios. No creo que el veredicto del Supremo importe mucho: hace tiempo que Blanco liquidó su futuro como político socialista. Me da igual lo que diga un tribunal a destiempo: yo no soy juez para juzgar a Blanco, ni a nadie; no participo de juicios mediáticos o paralelos; tampoco soy partidario de hacer leña del árbol caído. Me bastaría con que hubiera cumplido su palabra de dejarnos en paz; pero la política debe ser más adictiva que la cocaína y, pandilla de drogodependientes, aún se especula con que podría aspirar a Presidente de la Xunta de Galicia, lo que el interesado no ha desmentido.

Desde el sentido común y desde una mínima exigencia ética, la pregunta que me hago es si un militante socialista –y hablamos de quien fue nº 1 de su organización- puede o debe comprar un chalet de 300 metros cuadrados en las Rozas, valorado en 660.000 euros, pagar la mitad al contado y constituir una hipoteca por el resto a treinta años (2006-2036, acabará de pagar a los 74 años…) Esto no es vida privada, menos en un cargo público electo que debe dar ejemplo y rendir cuentas ante los ciudadanos. No entro en menudencias y miserias que circulan en la prensa y en los mentideros; son innecesarios más indicios: ojalá el Supremo le diga que es inocente, que no prevaricó mucho. Solo la puntita.

Muchos millones de parados, de desahuciados, de pobres a secas, que no tienen para comer, tienen derecho a preguntarse en qué artículo de la constitución socialista, o de los estatutos del PSOE, figuran como “derecho a una vivienda digna”, un chalé de 300 metros en Las Rozas, un apartamento a pie de playa en la Illa de Arousa y un sumario en el Supremo.

Foto: Batiburrillo
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