por NOEMI SABUGAL [La Nueva Crónica]. “Si no hay pasea, nadie mueve un dedo”. Es una frase repetida mil veces y, como tantas, incierta. Hay muchas cosas que hacemos sin que el vil metal esté de por medio, aunque poderoso caballero sea don Dinero. Ante el brillo de los doblones de oro, siempre podrá más el de las pasiones.

El que siente pasión por algo no repara en gastos o esfuerzos. Y ya que en unas semanas acaba el verano, se pueden tomar como referencia las fiestas y actos culturales o de otro tipo que se han hecho estos meses en León.

¿Cuánto cobraron los vecinos que ayudaron en las carreras de sacos o los juegos infantiles? ¿Y los que prepararon chocolatada y sopas de ajo en la plaza? Deben de ser todos millonarios. Lo mismo ocurre en actos culturales que se mantienen por el entusiasmo de organizadores y participantes. Poesía á orillas del Órbigo o Versos en el hayedo de Busmayor son sólo dos ejemplos; pero hay muchos más.

Incluso existen tipos tan alunados que se arremangan sin tener ni un solo doblón seguro en la faltriquera como Valentín Carrera, empeñado en publicar las obras completas del escritor Enrique Gil y Carrasco, que estaban en conserva desde su edición en 1954.

Hasta ha arrastrado a otros locos que llevan meses sin leer más que al romántico berciano. Con las ganancias, van a construirse juntos una mansión… de conocimiento. Dicen que esos son los cimientos que nunca se caen.