Ya hemos visto a frau Dorothea Merkel de riguroso luto, a Rajoy, a Obama y a Her Majesty expresando sus sentidas condolencias. Ya hemos guardado los preceptivos minutos de silencio, las redes sociales se han colmado de logos de la Torre Eiffel: todos somos París. Un par de días, quizás un par de semanas: también todos fuimos Charlie Hebdo hace meses, y antes fuimos todos Atocha o la Zona Cero de New York.

¿Y luego, qué?

Es posible que este humilde cronista sea un ignorante, pero no tengo noticia de ninguna fábrica de tanques y lanzallamas en Mali o Sudán ni parece que los Kalashnikov AK-47 disparados en París hayan sido fabricados en una cueva del Hindú Kush. Tampoco hay constancia de que “nuestras” aldeas hayan sido atacadas por drones de la CIA.

Por el contrario, hay otros datos ciertos [tomo como fuente el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo, SIPRI]: sabemos que en el mundo hay más de 639 millones de armas de fuego de las que el 75% se fabrican en Estados Unidos y Europa (incluida España, séptimo lugar en el ranking mundial de exportadores de armas), además de Rusia, China, Canadá y Japón.

Estos países se pasan por el Arco del Triunfo de París las resoluciones de la ONU y venden armas, ¿a quién?: Sí, lo han adivinado. A las democracias avanzadas de los Emiratos Árabes, Arabia Saudí, Pakistán, Ghana, Sierra Leona, Nigeria, Sudán… en fin que donde hay guerra hay negocio, para qué disimular. Algunos países tienen embargo de armas, lo cual es más interesante: en el mercado negro el negocio se triplica.

Parece el guión de Spectra, la última entrega de Bond 007: primero adiestramos a Bin Laden y luego destruimos el juguete. Primero se crean las condiciones del conflicto lo más lejos posible de Washington o Londres (colonialismo, explotación, saqueo, hambre, sed, miseria, pobreza extrema). Si el país tiene petróleo, se coloca un títere con turbante que veranee en Marbella y sea amigo del Rey emérito: da igual que lapide mujeres, ahorque periodistas o ejecute gays.

Si nos da petróleo y encarga el AVE a la Meca [Arabia Saudí, 9 millones de mujeres tratadas como menores]; si patrocina el Barça [Qatar Foundation, con o sin independencia], el Real Madrid [Fly Emirates, de Emiratos Árabes, dictadura siniestra, donante generosa de mezquitas, ¡Hala Madrid!]; o si compra acciones de Prisa/El País [sultán Alhodaifi Al-Kuwari, otro demócrata como Cebrián: Alá los cría y la quiebra los junta], entonces hacemos la cobra y todo cabe dentro de nuestra Constitución.

Entre tanta condolencia, no se ha escuchado una palabra a Rajoy, a Pedro Sánchez ni al rey Felipe VI sobre los sembradores de vientos que desencadenan estas tempestades. No vamos a estropear tan buenas relaciones con tiranías amigas por unos simples derechos humanos.

Si el país es pobre de solemnidad y está en el centro de África, les vamos vendiendo paquetes de armas para que secuestren niñas y se vayan matando entre ellos. Unos en nombre de Alá y otros en nombre de Alí Babá: da igual, hay que facturar 1.747 billones de dólares [gasto militar mundial 2013], el 2,4% del producto interior bruto mundial, 248$ por persona y año. ¿Se les ocurre alguna otra cosa que se pudiera hacer con este dinero, además de engordar a las grandes empresas militares? Empresas muy poderosas que colocan a sus empleados como Ministros de Defensa: el de España es un buen ejemplo que nos avergüenza como Estado de Derecho, ¿o eso no viene en la Constitución?

Una vez creado el conflicto, funciona solo: acción > reacción. Venta de armas, bombardeo, más venta de misiles y más bombardeos: en Siria ya son 210.000 víctimas (con nuestras armas), como si hubiera desaparecido la ciudad de León entera. Dos millones de muertos en Afganistán: como si hubiéramos borrado del mapa toda la población de Asturias y Extremadura juntas. Frente a los 200 de París, de momento los de Occidente vamos ganando. Y además ellos son sicarios asesinos sin escrúpulos y nosotros (nuestros líderes máximos) hermanitas de la caridad. Lo dice el telediario.

@ValentinCarrera
Foto: American Bedu
Ver en Mundiario
Ver en ES Diario
Ver en Galicia Confidencial