¿Alguien sabe si doña Esperanza Aguirre ha profesado de novicia en un convento de cartujas? ¿Hay algún siquiatra en la sala?

O yo sigo mal los medios, o doña Aguirre ha sido llamada al orden. Doña Aguirre (hago como Pablo Iglesias, que confunde el tratamiento del don con el de señor/señora; los descamisados somos así) está tramando algo: los bien pensados apuntan a un nuevo tamayazo, pero yo creo que será algo más gordo a juzgar por el bizqueo de Rajoy, cada vez más acusado.

Doña Aguirre fue pionera en eso de las “coaliciones de perdedores”, sabe mucho de cómo arrebatar el poder a “la lista más votada”, que es el single más cantado en el top de los 40 Populares Pactéticos.

Las simplezas, siempre agresivas y de pata de banco, que suelta Rafa Hernando en el Congreso demuestran que en la cúpula autista del PP no han entendido nada. No es que les falte piel, que diría Floripondo Florido, sino que les falta cintura y, sobre todo oído. Y les sobra cara, eso sí.

En el PP estatal, autonómico, provincial, comarcal, municipal (¡díos mío, cómo luce la reforma local!) van a tener que tragarse muchos sapos de aquí a noviembre y después de noviembre algo más que sapos. Las ratas ya han comenzado a abandonar el barco: Wert tiene prisas por irse con su novia a París dejando la educación destrozada y desnortada; dos consejeros dimiten en Madrid con la boca pequeña, Russ se va de Xátiva por la puerta de atrás y Rita destila su rencor, “¡qué ostia, Alfonso, qué ostia!”, mientras Rajoy desgobierna el PP como el capitán del Costa Concordia: lleva el barco directamente contra las rocas de la isla de Giglio.

Pero no seré yo quien dé consejos a Don Rajoy –de nuevo esta confusión pabliana-, cuando tiene tan cercano a don Aznar y a doña Cayetana Álvarez de Toledo, que disfrutan por la herida, ¡qué digo herida!, hemorragia. El desangre del toro en la plaza es una hemorragia mortal: la marca España, patrimonializada con banderas en Colón, silbatos en el Camp Nou y cuarteles de la Guardia Civil en el pueblo del señor ministro, vierte su lengua carmesí sobre la arena: ya son ustedes un poema de Lorca.

Tras destrozar todo lo que fueron tocando en esta penosa legislatura –la sanidad, la universidad, la investigación, la salvaje reforma laboral, la justicia, el cine, las subidas de impuestos, el IVA cultural…- ya apenas hablan de hacer esto o aquello: ya no se habla del abominable crimen del aborto, decae sin ruido lo del registro civil, entra en el congelador la inaplicable ley Wert con sus reválidas. Todo cuanto se hizo sin atar consensos, con el ordeno y mando de la soberbia, pasa a un segundo plano y si te he visto, no me acuerdo.

Ahora son ustedes los primeros de la clase en el diálogo, ya tienen piel y cinturita de avispa, Mariano, cinturita de avispa tras un lifting de grasa en docenas de capitales de provincia, diputaciones y autonomías. Les sobraban 2,5 millones de votos de colesterol malo y el 24M les ha puesto a dieta: operación bikini en La Moncloa.

Pero como aún no han despertado de su pesadilla, del shock postraumático, para dejar de ser pactéticos les falta lo único que puede reconciliarles consigo mismos y con los ciudadanos: pedir perdón por los errores y horrores cometidos, e irse a casa.

@ValentinCarrera
Foto: ABC news
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