Estas líneas deberían ser unos versos, quizás un soneto, para Anxo Cabada, que me enseñó la poesía de la amistad cabalgando por los valles de Ancares y Fornela, comiendo pan y chorizo, la bota de vino a mano, y durmiendo en chozos de pastores, pero lo que tengo que decirle no cabe en un soneto, ni siquiera de Shakespeare. Entonces éramos felices y, como en el poema de Gil de Biedma, aún no sabíamos que la vida iba en serio.

Han pasado treinta años de nuestro primer viaje a caballo por El Bierzo en 1988 —en el que escribimos y fotografiamos El Viaje del Vierzo, del que se acaba de publicar una edición conmemorativa en Breviarios de la Calle del Pez, con prólogo del académico leonés José María Merino—; y pronto se cumplirán treinta también de nuestra segunda aventura, la serie de televisión Os Viaxeiros da Luz —cuyo rodaje en 1990 partió del castillo de los templarios de Ponferrada—, emitida por TVG en 1991 y repuesta muchas veces. Un trabajo que mereció el Premio Galicia de Comunicación y el Premio Tesauro a la serie de más audiencia. Pueden ver los trece capítulos en mi canal de YouTube. A su vez, El Viaje del Vierzo recibió el Premio de Periodismo Francisco de Cossío, gracias a las crónicas que mandaba desde el monte por teléfono —fijo, no existían los  móviles— a la emisora de Cito Linares y Yolanda Ordás. Como la memoria es frágil, y parece que valemos lo que vale nuestro último wasap, les recuerdo yo mismo aquel ramillete de alegrías.

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