—Objetivo 2030 de la ONU: Desarrollar infraestructuras fiables, sostenibles, resilientes y de calidad, regionales y transfronterizas.
— Para alcanzar el ODS 9, necesitamos destinar cien mil millones de euros a infraestructuras sostenibles durante la próxima década.
—Emergencia Climática significa transformar el Ministerio de Cemento y Asfalto en Ministerio de Fomento Sostenible

Para dar cumplimiento al ODS 9, sería exagerado pedir  la desaparición del Ministerio de Fomento, que data de 1832, convertido un siglo después, durante la República, en Ministerio de Obras Públicas, que el franquismo consagró con los ministros Silva Muñoz y Fernández de la Mora, y que luego la democracia fue rebautizando como Obras Públicas y Urbanismo (el famoso MOPU) o Transportes y Medio Ambiente (en la época de Borrell), hasta que el PP de Aznar recuperó el nombre del siglo XIX, Fomento, creando por primera vez el Ministerio de Medio Ambiente, con Isabel Tocino al frente. ¡Cosas veredes!

Sería una exageración, digo, suprimir el Ministerio de Fomento, del que dependen las áreas de Infraestructura, Transportes y Vivienda: carreteras, trenes, aviones, puertos, aeropuertos, RENFE, ADIF, AENA y sus controladores aéreos que no respetaron el convenio; pero también Correos, las competencias en urbanismo, suelo, arquitectura, y los servicios de astronomía, geodesia, geofísica y cartografía… Más que un ministerio, Fomento es un Estado paralelo dentro de la Administración General del Estado, y su presupuesto netamente inversor es el  más codiciado, sin ningún género de dudas, por los estrategas políticos de cada momento: Álvarez Cascos, José Blanco, Ábalos.

Y éste es el nudo de la cuestión: la estructura mental del Ministerio de Fomento sigue siendo la del siglo XIX, prolongada por las inauguraciones de Franco: carreteras, trenes, puertos, urbanizaciones, ¡el paraíso de las grandes constructoras y de las cementeras que incineran basura, de los lobbies depredadores del medio ambiente!

En la tarta del Presupuesto General del Estado, la ración de Fomento es suculenta: 9.000 millones en el último presupuesto de Rajoy (prorrogado), 10.000 millones en el proyecto 2019 (no aprobado) del gobierno Sánchez. Diez mil millones significa más del doble de lo que gastamos en Sanidad (4292 millones/€) y más del triple del gasto en Educación (2722 millones/€).

Si hablamos de sostenibilidad en serio, ha llegado el momento de cuestionarse toda la política inversora en infraestructuras del Ministerio de Fomento, Obras Públicas, Vivienda, Urbanismo, Transportes y todos sus organismos autónomos y drogodependientes, cuyos presupuestos van en dirección contraria a los ODS.

Por ejemplo, ¿cuántos de esos 10.000 millones se convierten directamente en asfalto y cemento? ODS también significa transparencia presupuestaria, y apunto un análisis pendiente, que excede a este artículo, desde la perspectiva de la sostenibilidad: el escrutinio de cada partida inversora de Fomento, la verificación de su carácter sostenible o no en el corto, medio y largo plazo.

Ya está bien de que un ministro tras otro, da igual su color o partido, prometan más AVEs, más kilómetros de carreteras, más gasolineras, más autopistas, más chapapote y más cemento, mientras no existe un verdadero Plan de Movilidad Sostenible: ¿Vamos a seguir fomentando con dinero público la movilidad del siglo XX en ciudades colapsadas y peligrosamente tóxicas, mientras el discurso oficial en el ministerio de al lado, Transición Ecológica, predica exactamente lo contrario?

Ese novedoso y necesario Ministerio Verde, para la Transición Ecológica, debería asumir los 10.000 millones/€ de inversión asignados a Fomento, y dedicar el presupuesto íntegramente los próximos diez años (Agenda 2030) a infraestructuras, vivienda y movilidad sostenibles.

No necesitamos un centímetro más de autopista, ni un solo vehículo que pueda circular a 200 km/h (cuando la velocidad máxima legal es 120), ni un solo taller más, ni un neumático más que incinerar. No necesitamos más aviones, sino menos aviones, y por tanto, aeropuertos los justos; es todo el modelo de vida petrolífero el que debemos revisar porque, si alguien aún no se ha dado cuenta, estamos en Emergencia Climática.

Esto es lo que demanda el ODS 9: “Desarrollar infraestructuras fiables, sostenibles, resilientes y de calidad, regionales y transfronterizas, para apoyar el desarrollo económico y el bienestar humano, haciendo especial hincapié en el acceso asequible y equitativo para todos”.

La movilidad basada en el petróleo ni es sostenible ni resiliente (¿dónde está nuestra capacidad para proyectar el futuro?) ni de calidad. Las viviendas o los estadios de fútbol construidos con cemento producido por incineradoras de basuras y neumáticos no son sostenibles ni resilientes ni de calidad. Y así sucesivamente: el ODS 9 interpela el modelo de Obras Públicas, que tantos réditos electorales produce a los partidos en el Gobierno, y nos invita a construir un futuro basado en la innovación (conectividad, banda ancha universal) y en una industria ética y sostenible, desde la alimentación al vestido, pasando por nuestra concha de caracol y nuestro vehículo.

Para alcanzar el ODS 9, necesitamos transformar el actual Ministerio de Cemento y Asfalto en el Ministerio de Fomento Sostenible y destinar cien mil millones de euros a infraestructuras sostenibles durante la próxima década 2030.

Enlaces de interés:
Web de la ONU sobre los ODS.
Alto Comisionado de España para la Agenda 2030.
Europa Press: Así se reparten los Presupuestos Generales del Estado de 2019.
—Prodiversa: Guía para trabajar los ODS desde las aulas.