—La mitad de la población mundial vive con menos de dos euros al día.

—Frente al colonialismo, nueva Doctrina Monroe: el coltán del Congo para los congoleños.

Parece una obviedad tan grande que hay que pararse un momento, respirar hondo y repetirla en voz alta: “Erradicar la pobreza en el mundo en todas sus formas”. Escojo a propósito el verbo erradicar, porque tiene la connotación semántica exacta: arrancar de raíz.

A fuerza de repetir las estadísticas, se convierten en inocuas: casi la mitad de la población mundial, 2.800 millones de personas, vive con menos de dos euros al día. Pero… eso ocurre muy lejos, en países remotos dejados de la mano de dios, desgraciados; esas cosas no pasan en el mundo civilizado, dirá el indigente político o intelectual, doctor cum laude en el programa de tv Supervivientes, rascándose la nalga indolente.

Estremece la frialdad del primer mundo, y ahí estamos todos, bebiendo tinto reserva mejor que crianza, produciendo millones de toneladas de plástico cada hora y tirando a la basura 7,7 millones de toneladas de comida cada año, 250€ de media por cada ciudadano español, noventa millones de toneladas de alimentos en toda Europa [Informe SAVE FOOD], mientras millones de personas mueren de hambre. ¿Cómo explicar a nuestros hijos este asesinato colectivo?

Deberíamos empezar a cambiar el lenguaje, cambiar ese idioma aséptico, bienintencionado y caritativo, que ve en los crímenes de lesa humanidad pequeñas desigualdades económicas, por palabras secas y claras. Pero, aunque el lenguaje se vista de seda, la mona de la miseria es terca. La pobreza es la causa de todos los demás males: el hambre y la sed elementales, la enfermedad, el analfabetismo, la desigualdad, la explotación laboral o sexual, la emigración, las guerras y los exilios.

Quiero pensar que la carrera espacial es muy importante y la Ciencia obtiene valiosos resultados de las sondas y cohetes enviados al espacio, pero ¿llegar a Marte es realmente una prioridad siquiera remota para esos 2.800 millones de personas pobres? Sería bueno saber su opinión. Tal vez, apelando al conocido pensamiento de Einstein —progresa más rápidamente la tecnología que la ética—, la ciencia, las universidades, los gobiernos y las grandes corporaciones deberían revisar a fondo sus líneas de trabajo y sus programas de investigación.

Seamos radicales, al menos por esta vez, y vayamos al fondo de las cosas: ¿cuáles son las causas de la pobreza en el mundo? Para la ONG Oxfam-Intermón, “las causas históricas de la pobreza son el colonialismo, la guerra, la esclavitud y las invasiones. Es decir, la situación de pobreza que vive una parte de la población mundial, especialmente en los países del sur, es un fenómeno que se fue desarrollando durante diferentes periodos de la historia”.

No creo que una generación tenga que pedir perdón por lo que hizo la generación anterior. Los españoles actuales no son “culpables”, en el sentido religioso del término, de la conquista de América ni los niños belgas que nacen en 2019 han de responder por las atrocidades del rey genocida Leopoldo II en el Congo. Pero tampoco podemos eludir la responsabilidad colectiva de leer la historia con las claves de cada época: nosotros, la nuestra. La dignidad humana de los indígenas era ya tema de debate moral en tiempos de los Reyes Católicos y la abolición de la esclavitud provocó guerras que cambiaron el curso de la historia. La cuestión ética y política que nos atañe hoy es la dignidad de los indígenas en el Tercer Mundo en la actualidad o las numerosas formas de esclavitud que siguen existiendo.

Siempre aparecen la justicia y la igualdad al final del túnel, y la fraternidad, y entonces sí debemos hablar de culpables con nombre, apellidos y marcas comerciales. “Multinacionales —denuncia Oxfam— que utilizan recursos y mano de obra barata de países en riesgo de pobreza, lo que no contribuye a su economía, sino que los empobrece todavía más”. El colonialismo, ahora disfrazado de deslocalización y globalización, sigue siendo el brazo armado causante de la mayor pobreza, la principal causa de la pobreza mundial.

Quizás necesitamos una nueva Doctrina Monroe global, “América para los americanos”, sí; pero “Siria para los sirios” y “Congo para los congoleños”: ¡Fuera tus sucias manos de nuestras minas de coltán!

La ley del más fuerte, y del máximo beneficio económico privado, ampara todos los demás males, empezando por la corrupción y el cambio climático, directamente relacionados con ese modelo brutal de explotación de la tierra y de la Tierra. Las consecuencias se miden en millones de personas que pasan hambre, que no pueden comer o beber ni siquiera un vaso de agua limpia, que sufren enfermedades y miseria, analfabetismo y la violencia de guerras, como ahora mismo en Siria, en las que no tienen nada que perder, porque ellos son siempre las víctimas, los desheredados, los Miserables de Victor Hugo, la sal de la tierra.

Erradicar la pobreza en el mundo en todas sus formas es, y no podía ser de otro modo, el primer ODS, el primer Objetivo de Desarrollo Sostenible. Algunas señales nos dicen que vamos en la mala dirección: la pobreza ha aumentado en América Latina en la última década, y también entre nosotros, en la muy europea, olímpica y laureada España. Urge corregir el rumbo. ¡Arriba las ramas!

@ValentinCarrera

Enlaces de interés:
SAVE FOOD: Iniciativa mundial sobre la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos.
Web de la ONU sobre los ODS.
—Descarga la app ODS en Acción.
­—Alto Comisionado de España para la Agenda 2030.
Guía de los vagos para salvar el mundo.