Oigo en la radio una invitación a besos y caricias y resulta ser el anuncio de una cuenta corriente. Enciendo el televisor y dos mitos de mi juventud se derrumban: Ana Belén y Víctor Manuel, sonrientes, sentados en un sofá ponen su “relación personal” al servicio de una campaña del Banco Sabadell: “Cuenta Expansión: una buena manera de empezar una relación contigo”.

La campaña está bien hecha y debiéramos felicitar a la agencia y a sus creativos, y tal vez al banco, pero felicitarlos ¿por qué? ¿por jugar con nuestros sentimientos? En todo caso, ellos hacen su trabajo: la agencia, publicidad; el banco, captar depósitos al 1% y prestarlos al 7%. ¡Unos sentimentales!

A quien no puedo felicitar, sin embargo, es a Víctor Manuel y Ana Belén. Como muchos de mi generación, he ido a sus conciertos, he tarareado sus canciones en noches de besos y guitarras, tal vez han sido fondo musical de algún polvo memorable. Hemos coreado la Puerta de Alcalá y el abuelo Vítor, hemos bebido los posos amargos de un hombre aferrado a un piano. Dejo sangre en el papel, se equivocó la paloma, vivo en la carretera, pero empiezo a echar de menos un minuto entre los dos, vente conmigo al puerto, al corazón del amigo…¡abre la muralla!

Al Banco Sabadell, ¡cierra la muralla! ¿Por qué caer tan bajo, con todo lo que nos está rodeando? ¿No os habéis enterado de que hay una crisis y de que los principales responsables y a la vez beneficiarios son los bancos? ¿Dónde está vuestra sensibilidad de viejos comunistas, abanderados de la libertad, felipistas en la Bodeguilla de La Moncloa, progresistas de todas las causas perdidas, curtidos en tantos mítines y batallas? La bajada de pantalones ética es demoledora y la traición nos alcanza como una bofetada que desata una ola de indignación.

¿Qué necesidad tienen Víctor Manuel San José Sánchez y Pilar Cuesta Acosta de comerciar con sus cuarenta años de relación sentimental? ¿Acaso andan mal de dinero y necesitan venderse a un banco? ¿O quizás han donado la pasta a una ONG y no nos hemos enterado? Incluso, si así fuera, ¿por qué, una vez más ¡¡y justamente ahora!!, venderse a la banca, a la gran banca, a la todopoderosa banca, ésa misma que, mientras Víctor y Ana posan sonrientes en su anuncio, ejecuta hipotecas y desaloja a las familias más humildes sin contemplaciones, tal vez a los padres o a los hijos de esos mismos que durante años han comprado y escuchado vuestras idílicas canciones? ¿Por qué nos hacéis esto, Víctor y Ana?

Precisamente vosotros, la parejita modelo. “Somos mucho más que dos”. Sí, ahora ya sois tres: vosotros y el Banco Sabadell. Se equivocó la paloma, se equivocaba…

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