“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Fin”. Sé que la imagen es recurrente; pero el diagnóstico de Monterroso sobre la crisis del PSOE y el tongo del divino Rubalcaba es tan claro y contundente que nos exime de añadir algo más. Pondría aquí punto final a la columna, pero mi contrato leonino, o leonés, con el blog Tornarratos y El Semanal Digital requiere que escriba dos mil caracteres, espacios incluidos, o publicar la página en blanco, como hacía Espronceda en sus periódicos para denunciar la censura.
La censura que denuncio es mental: hay doscientos mil psoecialistas, cuota pagada arriba o cuota pendiente abajo, a quienes sus dirigentes tratan como siervos, como el pastor a su rebaño que dice el Evangelio, como menores de edad, negándoles la democracia más elemental. Son demasiados siglos siendo nosotros ovejas y ellos pastores y tienen interiorizado el modelo teocrático, basado en un dios todopoderoso e infalible que sabe lo que nos conviene. Entienden la política como una religión con un ser supremo al mando, clarividente, imprescindible, el líder máximo, un jefe.
Cuando el hechicero tiene una ocurrencia, la tribu aplaude sus pedorretas y salen en directo en los telediarios, sin anestesia, ya sea un congreso ordinario o extraordinario, otra danza de la lluvia, a ver si cesa la sequía de votos, ideas y sentido común. Su mundo se derrumba, pero el jefe sigue acertando, no oiréis en su boca las palabras: rendición, error, dimisión, disculpen, me voy. Tampoco preguntará la opinión a los suyos: dios no puede rebajarse a consultar a las ovejas: les llama inferiores, les insulta con los hechos, los desprecia.
Cualquier ciudadano puede votar en la comunidad de vecinos y en la asociación cultural; si tiene hijos elige vocales en la asociación de padres y madres y en el consejo escolar, hasta que la ley Wert los fulmine; puede escoger concejales entre una docena de opciones, diputados y senadores, votar en blanco, abstenerse o meter una rodaja de chorizo en la urna, como hizo mi vecina, la rubia del tercero, ¡olé su lucidez y su garbo!
El rebaño tiene capacidad mental para votar en Eurovisión, escoger equipo de fútbol, banco, supermercado y periódico de cabecera; e incluso para irse a una isla y mandar las opciones anteriores al carajo. Hasta puede “pedir la portabilidad” de movistar a jazztel, a sabiendas de que “cambiará de molinero, pero no de ladrón”.
Mas, hay territorios prohibidos impermeables a la democracia. Usted no puede elegir al cura de la parroquia, ni votar obispos y cardenales: su poder patriarcal opera de arriba a abajo. Exactamente igual que en el PSOE (en el PP y otras sectas es aún peor; pero hoy toca hablar de cosas primarias).
El militante-oveja acata el dedo divino, la voluntad de un Alfredo Superior, que tiene poderes y oye voces, goza de espíritu santo propio y tiene línea directa con Felipe González. El lunes pasado, a las 14 h., cuando Moisés Rubalcaba bajaba de hablar con dios, al pie del monte Sinaí le esperaban los telediarios. Sacó su manuscrito del mar Muerto y, mientras Jáuregui y MagdaElena bañaban sus pies en lágrimas, dijo:
-Hijos míos, no es tiempo de madinaciones. Seguidme: yo soy el camino, la verdad y la vida. ¿Podéis oírme?
Un profeta irreverente, entrenado en echar a los mercaderes del templo a latigazos, respondióle desafiante:
-¡Podemos!

@ValentinCarrera
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Ilustración: Fragmento de Moisés, de Guido Reni [1575-1642]