La Concejala tiene miedo. Fue a inaugurar una cosa superflua y se encontró con un puñado de indignados, con carteles y silbatos. Al cortar la cinta, los “violentos” se acercaron hasta rodearla, ante el pasmo de cuatro policías, y la Concejala sintió por primera vez en su vida miedo, miedo físico. Cuando habló con la prensa, aún le temblaba la voz:

-¡Es una vergüenza!, no hay derecho –se quejó entre pucheros-, ahora tengo miedo de pasear con mis hijos.

Si Ella, autoridad escoltada por policías armados, amparada por el partido que desgobierna, siente miedo, ¿alguien puede decirnos de qué color es el miedo de un joven de Mali, hambriento y desnudo, sin papeles, sin amigos ni familia, que cruza en la noche la frontera sabiendo que tras la alambrada le esperan fusiles y perros de presa?

Si los hijos de la Concejala, del todo inocentes, han visto el miedo en los ojos de su madre, abucheada en la calle, ¿alguien puede decirnos de qué color es el miedo en los ojos de los niños que ven cómo un banco hipermillonario les desaloja de su humilde vivienda y les echa a la calle?

España es el segundo país europeo en pobreza infantil (29%), después de Rumanía, según Cáritas, dependiente de la Iglesia, que supongo no es sospechosa de terrorismo, ni de animadversión al PP. ¿De qué color es el miedo de esos niños que van, sí, al mismo instituto de mis hijas, y de las vuestras, sin desayunar y se desmayan en clase porque en su casa pasan hambre?

Lamento el miedo inaugural de la Concejala, pero la verdadera violencia es el hambre, la pobreza, los desahucios. A usted, Señora, le han pisoteado un derecho; a seis millones de parados se los pisotean todos cada día.

Yo no deseo que la Concejala sienta en su piel ni siquiera la mitad, ni la décima parte, del miedo que pasó anoche mi amigo Hassan, tiroteado en la valla de Melilla. Lo que quiero es que construyamos una sociedad sin miedo: dejen de rescatar bancos y rescaten a las familias pobres, y quizás no vuelva a sentir miedo cuando salga a pasear con sus hijos. El Papa Francisco ya les ha indicado el camino.

Foto: Mamadou, Melilla, de Ángel Navarrete en blog Memorias de África
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