Hace 35 años, tal día como hoy, a la hora exacta en la que usted posa sus ojos sobre estas líneas, yo estaba deliciosamente ocupado contando los pelitos y lunares de un Menchito recién llegado al mundo, a voz en grito.

Habíamos guardado en el armario el crucifijo que presidía la habitación de La Esperanza, para que nada sombrío planeara sobre la cabeza del bebé, y nadábamos entre flores y bombones que Piqui y Roberto estaban a punto de traer, saludando el milagro de la vida.

En Les mots escribe Sartre (cito de memoria: no encuentro mi fatigada edición, debe haberse mudado ella sola de estante, esta biblioteca pide un meneo): “Hizo un hijo al galope y trató de refugiarse en la muerte”.

Yo hice un hijo al galope y corrí a refugiarme en el torbellino de la vida, que no conoce el matizado invento de la paternidad responsable. La vida fluye sin pedir permiso y, desde que Noé metió en la barca a dos animalitos de cada especie, los animalitos van por la selva de dos en dos, como en la canción. Vamos por la selva tras la llamada de la Naturaleza que es el modo perfecto de cumplir con nuestro deber de dar vida a la vida, sin tantos prólogos ni dudas ni preguntas, como hicieron nuestros tatarabuelos y los suyos, a pelo.

Hicimos lo que era nuestro destino: ignorar las prevenciones de familia y amigos y ponernos a ello con pasión y amor infinito, un amor sin bendecir, fruta del árbol prohibido, sin miedo a que un ángel feo nos expulsara del paraíso. No teníamos miedo y lo hicimos: o mejor, la vida y el amor lo hicieron por nosotros, apenas fuimos cauce del pecado de vivir.

Y, cuando nació aquel primer hijo –que resultó ser niña, en 1979 no se sabía el sexo antes-, se nos iba la risa por los poros contándole las pecas en la piel arrugadita, aún untuosa de placenta, porque era el bebé más hermoso del mundo. Al milagro de la vida, al fruto del amor y de la libertad, le pusimos por nombre Zoraida: han pasado 35 años y volvería a repetir cada minuto vivido; pero, con tanta pasión y galope, había olvidado felicitar a quien hoy cumple 35 años como madre: gracias, Menchu.